Mis pequeños tienen 6 y 2 años.
Cómo pasa el tiempo. Sí, lo sé es la típica frase de madre que ve cómo sus hijos crecen y mira con anhelo los momentos de recién nacidos.
Me falta tiempo para escribir, es complicado el día a día, sino estoy limpiando, estoy comprando o con las tareas diarias: colegio, paseos, actividades extraescolares (con ayuda de mi marido), parque, etc. Estoy un poco cansada para escribir, pero lo intento porque en un futuro me gustará que mis hijos lean sobre ellos mismos. De hecho, creo que es algo bonito. Cómo digo, el tiempo pasa, y recordar cuándo comenzó a dar sus primeros pasos, o se le cayó el primer diente, el primer día de colegio, lo que comían, ó sus juegos favoritos, es habitual que al cabo de cierto tiempo se olvide. Así, cuándo sean mayores, y quieran saber de ellos mismos y contárselo entonces a sus hijos, podrán recurrir a mis libretas ó a éste blog, que aunque nadie lo lea, para mí es una vía de escape para mis pensamientos diarios.
Ahora mismo, estoy sola, y aunque me encuentro tranquila y con un poco de calma para poder escribir unas palabras, pienso en que a pesar de que éste silencio se agradece, echo de menos el bullicio de mis pequeños. Se han marchado a ver a su prima, y he preferido quedarme en casa y descansar.
Hoy me he estresado un opco. He gritado y me he puesto cómo una energúmena. Mi hijo mayor, se ha metido en la habitación para no oirme gritar, siempre lo hace, y el pequeño al ver la puerta cerrada de la habitación de su hermano, se ha puesto a llorar. Todo porque necesitaba ir a comprar, y he enviado a papá, pero era imposible comunicarme con él sin que constantemente me interrumpiesen. Luego tocaba baño, y siguiente pelea. A llorar y gritar. Luego me dice «te perdono mamá. Es que me he puesto muy enfadado»…Mis hijos son geniales, pero está claro que son niños, y tienen cada vez más genio, más decisiones propias que hay que intentar entender y consensuar.
Mi pequeño, lleva desde finales de septiembre que se despierta por las noches, pide leche y sigue durmiendo. Claro está, mamá se desvela, pero no importa siempre y cuándo él, continúe descansando.
El mayor, duerme muy bien. Ya ha pasado a la historia, sus despertares nocturnos de más de 4 horas despierto. Sus pesadillas de 3 meses, a diario. Sus miedos. Eso sí, me pide un cuento para dormir. Hay veces que no tengo ganas de leer, pero pienso, es genial que quieran escuchar un cuento. Además, les ayuda a conciliar el sueño, a pensar en cosas agradables, y puede que hasta a soñar dulces sueños. Intento que sean educativos. Que enseñen valores que es lo importante. Siempre los leo yo. Mi hijo pequeño no quiere que sea su padre. Así que, incluso enferma, les he leído el cuento.
Escuchando a otras mamás, me doy cuenta de que salvo esas pequeñas «burreras» o malas rachas de dormir, de las continuas protestas o de no querer hacer ciertas cosas, no tengo nada que decir malo de su comportamiento. Son niños educados, tímidos eso sí, respetuosos con el silencio, y siempre me preguntan si pueden o no realizar algo.
Sin embargo, mi hijo mayor ya se da cuenta de muchas cosas, y tenemos que tener cuidado lo que decimos delante de él. Ciertos comentarios ya los entiende.

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