EMPEZAMOS 2019- ENERO
Celebramos el 22 de diciembre, día de la lotería nacional, el cumpleaños de mi hijo mayor. Mi hijo, no trajo un pan bajo el brazo, sino, el mejor premio que puede traer un bebé, una felicidad enorme a la familia.
Con enero, comenzamos un nuevo cuatrimestre escolar para mi hijo mayor. algún que otro examen, que todavía no tiene «importancia», y lo ve cómo algo normal. Las matemáticas, le encantan. Y se le da bastante bien. El cálculo mental según su profesora es lo que mejor hace.
Aún así, con sus 7 años recién cumplidos, sigue siendo un poco infantil, y tla frustración sigue en tu vida diaria. Enfados y lloriqueos por cosas insignificantes. Siempre quiere ver dibujos bebiendo leche, y en ocasiones no da tiempo, o es tarde…pues no lo entiende. Una película sin palomitas, no lo concibe. Salir de casa si no es con alguien o al parque con sus amigos, es inaceptable. Tiene que saber «dónde vamos» cada vez que salimos de casa. Luego es verdad, que la frustración, le lleva a la autoculpa. En muchas ocasiones, se siente abrumado, quizá también mi culpa por querer demostrarle que ciertas actitudes no llevan a ninguna parte. Al final, lo que ocurre es, que llora de rabia.
Es verdad, que cuesta mucho enderezarle en ciertas situaciones. No grites a tus amigos cuándo no quieran jugar a lo que te apetece a tí, o sientas que no juegan cómo le gustaría, cuándo hay que dejar de jugar a la consola, ó irnos a comprar, bañarse..etc.
Sigue queriendo eso sí, jugar a los peluches conmigo. Pero poco a poco, va jugando algo más con su hermano. Hablan entre ellos, les gusta jugar a «peleas», tirarse por el suelo, correr o saltar en el sofá. En fin, el pequeño es más pillín, y siempre le busca.
Por cierto, sigue sin querer dar besos. Acerca la cabeza, nunca pone la mejilla. Ni a mí tan siquiera. Le doy besos en la cabeza. Y de hecho, el beso directo en la mejilla, sólo cuándo están acostados. Ese nunca falta por mi parte.
El PEQUEÑO, genio y figura. Es un niño bueno, pero muy travieso e inquieto. no para de jugar, y de pedir y pedir hasta la saciedad.
Pero, sigue sin pedir la caca. Se hace encima y luego dice: «nada» encogiéndose de hombros. Cómo si no fuese a darme cuenta que la caca la lleva encima.
Intento no perder los nervios, porque el hecho no es sólo pedir, sino que va acompañado de lloros, gritos, y pataleta incluida. Debo permanecer calmada. Y, al cabo de varios minutos, dice: «ya estoy calmado mamá»…y, pasamos página. Es costoso hacerle entender ciertas cosas.
Se sigue entreteniendo mucho sólo hablando con los peluches, pero más con los playmobil. Los coches, le siguen gustando mucho. Y, juega mucho a hacer cómo que los muñecos, hacen volteretas, ó se tiran de un trampolín al agua.
NAVIDADES. Para mí, siguen siendo un suplicio. Acabo tan estresada de celebraciones familiares, y regalos, que estoy varios días depresiva. Es cierto, que no parece justo, y que «por mis hijos», debo intentar ser lo más positiva posible con éstas fiestas, respetar a los que les gusta, pero, nadie parece entender que son unas fiestas banales para mí.
Quiero callar de momento, no mostrar mi inquietud, porque al final, lo que me gustaría es que mis hijos tengan su propia opinión de éstas fiestas. Así que, sigo realizando manualidades navideñas con ellos cada año. Ponemos el árbol, no el belén. Y los regalos oportunos.

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