Ayer ví la saga Crepúsculo, bueno las tres primeras películas. Por raro que parezca había oído hablar de ellas, pero nunca había tenido la curiosidad suficiente cómo para verlas. Mi marido dice que cuándo me pongo en plan romántico es, porque he visto alguna película de éste tipo, y me vuelvo igual de peliculera. Puede ser, ayer además, estaba muy fastidiada, me había bajado el período y me dolía la garganta y la cabeza. Así que, tras llevar a mis hijos al colegio, decidí tomarme una mañana sabática.
El domingo, ya ví la de Crepúsculo, y bueno, algo «sosa», pero me «picó» la curiosidad y ahora quiero ver la saga completa.
Al verla pensé: «cuánto amor desprenden los dos protagonistas», un amor que te traspasa y te hace sentir…que te falta precisamente, eso en tu vida. Es tan puro, y tan bonito. Ya sé, son películas. Pero, no me creo que en la vida real, no podamos al menos una vez, sentirnos cómo ellos se sienten, que no pueden vivir el uno sin el otro. Sean tan diferentes, o el mundo no les entienda.
En mi vida, falta romanticismo. No es culpa de nadie, sólo es que la rutina se ha asentado en nuestras vidas. Me falta ese: «cariño, ¿cómo te sientes hoy?», «¿qué tal has pasado la noche?»»¿necesitas algo?», pero no cómo si fuésemos dos conocidos que se encuentran por la calle y llevan tiempo sin verse, es decir, por cumplir, que se dice. Sino, manteniendo las miradas, o dando un abrazo. Quedándose al lado escuchando. Sólo que él, no piensa igual. Cada cuál con sus problemas tiene suficiente, y no quiere preocupar al otro. Necesitamos hablar más, y estar solos. A veces le comento, vamos a dedicarnos un fin de semana, pero luego dice «¿para qué?, se los dejamos un rato a tus padres y ya está»…»Y, YA ESTÁ». Antes, intentaba buscar ése momento romántico, le digo pon música, nos ponemos ropa sexy, colonia, salimos, cenamos…en fin, recordar cómo era nuestra vida cuándo nos conocimos…pero, prefiere ponerse a jugar con el ordenador, o mirar el móvil. Y, de vez en cuándo, si yo estoy «contenta», y no «cansada», pues «querernos» un rato. Ésto, no es romanticismo. Es, «buscar un hueco».
Creo, que soy apasionada, pero también es verdad, que para serlo, necesitamos primero un poco de cariño. Echo de menos a mi marido. Ya, no nos reímos cómo antes. No hay complicidad. En ocasiones, hemos dicho que parecemos más unos compañeros de piso, que una pareja. Nos encontramos, nos decimos «hola», y al cabo de un rato, desaparecemos. Yo, me «escondo» y mi marido, «huye a su mundo informático» dónde por suerte para él encuentra una salida a sus pensamientos. Somos cómo el agua y el aceite, uno flotando sobre el otro, sin llegar nunca a juntarnos.
¿Los hijos?, puede ser. Pero, no tienen responsabilidad ninguna en nuestra lejanía cómo pareja, nosotros decidimos tener descendencia. Son nuestra prioridad, nuestra vida ahora…tiene que ser así. Pero, es verdad, que nos están alejando un poco. Quizá porque la tarea de la educación es complicada, y, a veces, he necesitado más de mi marido, y no lo he encontrado. He necesitado su cariño en algunas ocasiones que me encontraba hundida, y no ha sabido comprenderme. Eso sí, paciencia…infinita. Pero, comprensión, cero. Sé que es un poco contradictorio: paciencia- ¿comprensión cero????, pero es así. Sé que me quiere, y por eso tiene paciencia. La paciencia surge cuándo a pesar de qué yo, ya no soy la misma, quiero lo mejor para mi familia. Mi marido, cómo cualquier persona, necesita su espacio, y ése se lo doy. A veces con gruñidos, pero lo tiene. Una vez, le dije, que nunca le prohibiría aquello que necesita para al menos, ser un poco feliz, y de momento, creo que lo voy cumpliendo.
Yo, estoy perdida. Bloqueada y perdida. Sólo pienso en salir de la oscuridad dónde me he metido, y nadie parece escucharme. Grito fuerte, pero nadie me escucha. «Busca ayuda»; «no sé qué hacer cuándo te pones así»;»pasas de cero a cien en cuestión de segundos»…son palabras de mi marido.
El caso es, que siento que debo salir yo sóla de la cueva dónde me he metido sin darme cuenta. Un día, perdí el camino, y ya hace dos años que no sé cómo volver a él.
Ahora soy, nerviosa, grito, no soy cariñosa, no tengo ganas de ver a nadie, pero lo hago por mis hijos, no tengo ganas de jugar ó divertirme. Me cuesta pensar en positivo. Duermo fatal por las noches. Me duele el cuerpo entero, se me adormecen las manos y brazos. Sólo tengo ganas de llorar (y, no siempre tengo la menstruación). Mis hijos me necesitan, y siento que no sé estar a su altura. Por las noches, quiero descansar y no puedo.
Necesito a mi pareja. Lo echo de menos. Pero, al estar en la cueva, y no saber salir, ni él me escucha para encontrarme y ayudarme, ni yo sé cómo salir para darle la mano y que me ayude.
No quiero llegar a vivir sólo porque no sé vivir de otra manera. No quiero que los que me rodean sean infelices por mi culpa. Ahora, siento que es así. Mis hijos me necesitan, pero no de la manera que yo les estoy ayudando. A mi marido, lo estoy alejando. Con mi familia, por ambas partes, me siento agobiada, pero por supuesto, los necesitamos.
He leído tanto a cerca de cómo volver a ser «pareja» después de ser padres, que pienso: no sirve de nada si no hay voluntad por ambas partes. Si uno cree que la culpa es del otro. Si uno calla porque piensa que va a herir los sentimientos del otro. Si no se encuentran las palabras de aliento para que la otra respire. Si no, se logra hacer sentir al otro la persona más especial del mundo. Si no hay un abrazo público, ni besos en privado. Si no hay confianza para expresar cómo te ha ido el día, porque ahora mirar a los ojos cuándo se habla es perder el tiempo: envía un whatsapp…

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