Comenzado ya el colegio, han pasado cuatro semanas. La jornada ya es completa de 9 a 14 horas. No lo lleva muy bien que digamos. CAda noche me pregunta si mañana hay cole, a lo que yo le respondo «sí». Entonces empieza a lloriquear y a decir que no quiere ir al colegio. Y, a veces, al llegar la media tarde, comienza «mamá, no quiero ir al colegio», y, puede estar así…pues casi 2 horas, y si se olvida, luego vuelve a la carga cada al acostarse. Al final se duerme, pero al despertarse, volvemos a empezar.
Por suerte, entre bromas, y hablarle mucho de lo divertido que es ir a clase, acaba vistiéndose y, cogiendo su mochila. Lo único, pues que me toca llevarle en brazos casi hasta la puerta del colegio. Es muy cansado, pesa muchísimo, y mi espalda se resiente. Lo voy convenciendo, «te llevo hasta el coche ese azul», al otro día «te llevo hasta el banco aquel cerca del colegio»…y así día a día. A veces, me invento juegos «descubrir formas, digo un número y hay que buscarlo en las matrículas, los colores…etc». Otras, le digo que cuándo traspasemos la puerta de casa hasta el colegio, nos convertimos en personajes.
La verdad es, que el mes pasado, tuvo días que iba contento, incluso caminando. Decía, que se iba a portar muy bien, y que no iba a llorar. Normalmente, al salir de clase, si me decía que no había llorado, le daba una chuche. Pero, ésto cambió al comenzar octubre. No podía ser, una chuche día tras día, siempre cómo una rutina. Así que, le dije que ya no más chuches, y bueno, ha costado convencerle y hacerselo entender. Al final, se ha ido olvidando. Al menos, has logrado salir a las 14h, sin llorar. En cuánto me ves por la puerta, sonríes, y sales corriendo a abrazarme. No sin antes, colocar la silla en su sitio, y coger la mochila.
He optado por ir a recogerle en carricoche, pues sale cansado, y se duerme durante un ratito. Si hace buen tiempo, pues nos paramos en algún parque, y mientras el peque duerme en el carro, pues mi hijo mayor y yo, solemos ver una revista, o lee. Sólo es media hora, pero sirve para que luego no se duerma a mitad de tarde, y sea peor, pues le rompe el ritmo del sueño nocturno.
Al parecer, en el colegio, sigue sin querer jugar en el patio. Su profesora dice que llora. Me dices «no quiero que trabajes, la nena esa del colegio (su profesora) dice que te vas a trabajar»…jajaja!. Por lo visto, le dirá eso, si se pone a llamarme llorando. De hecho, le propongo un juego cada día, para intentar que en el patio no llore, o al menos se olvide del miedo que le da estar con otros niños, e intente al menos divertirse un rato. Así que, cada día, le digo que me tiene que buscar algo «una rama, una piedra redonda pequeña, una hoja marrón, lo más difícil son flores…». Funciona, cada día, en el bolsillo de su baby, guarda mi propuesta.
————– Finales de Octubre —————
Vamos progresando. Durante los últimos 3 días de éste mes, ha ido caminando. Arriba decía que era casi imposible hasta llegar a la puerta del colegio. Cómo decía, ir jugando a localizar números, colores o formas, me ha ayudado muchísimo. Al ir entretenido, no se da cuenta que va caminando.
Y, para finalizar el mes, el primer susto de su estancia en el colegio.
Sobre las 13.45 (casi a punto de salir del colegio), me llaman al móvil, y me dicen que vaya centro de salud, que su profesora iba con mi hijo. «No te asustes, es que se ha caído y se ha hecho una brecha». Sí, no me asusto, pero si lo llevan al centro de salud, no debe ser una simple herida superficial…
Así que, cómo iba a coger el coche, para ir a casa de mi madre, aproveché y fui rápida a recogerle. Al llegar, me encontré a la profesora, y a mi hijo en brazos. Llevaba una venda sobre la frente. Al verme, se puso a llorar desconsolado. Le destapó la venda, y le ví la brecha. Era una brecha de unos 5 cm, y profunda. Ya no sangraba, pero al parecer le había salido bastante. La profesora se asustó muchísimo. «Estaba saltando desde un banco, iban rotando, saltaba uno, saltaba otro…los tenía vigilados, y de pronto, lo escucho llorar…Me giro, y lo veo en el suelo…».
Resulta que el suelo es casi cemento, y además está algo levantado del paso del tiempo, así que, que casualidad, que justo se dio contra una de esas esquinas levantadas, y se la clavó.
La profesora, pensó que era en el ojo, imaginad el susto.
En fin, que lo llevé al centro de salud, y me redirijieron al hospital. Tenían que darle puntos.
Eran las 14.30 ya, mis hijos sin comer, y todavía tenía que esperar hasta las 16.30. Mi hijo mayor, se quedó con mis padres, además, de que íbamos a ir a comer ése día, es que ellos viven justo enfrente del hospital general.
Resumiendo, llegamos al hospital, y no había más que dos personas. Nos atendieron rápidamente, lo único que había que anestesiarle la zona, y es con una crema, y presionando con una gasa sobre la herida. Durante 45 minutos. Sólo podía darle pan de pipa que llevaba, y le estuve entreteniendo con dibujos del móvil…Se portó bien, muy bien. Luego pasamos, y hubo un primer intento. Había que ponerle dos puntos. Sólo dos, pero fue casi imposible a la primera. Al principio, cómo no sabía lo que iba a pasar, pues estaba tranquilo, pero al ver que le ponían una sábana encima, y le sujetaban brazos, y le ponían otra sábana tapando la cara, y sólo dejando al descubierto la frente…ya se puso….!!!
Pues venía lo peor, la anestesia no le hizo del todo efecto. Se quejaba y quejaba, y pataleaba tanto que no había manera de sujetarle entre la enfermera y yo. Se decició, ponerle más anestesia, esperar otros 30 minutos, y pedir «refuerzos»…tres enfermeros y yo.
Mi hijo ya sabía lo que iba a pasar, y aún así, fue un fenómeno. Se portó genial durante la espera, de hecho, casi se duerme (la médico, tardó casi 30 minutos en venir porque tenía otra sutura). Allí tumbado en la camilla, esperando a la médico, los dos enfermeros y yo. Finalmente, vino la médico. Y, mi peque se empezó a poner muy nervioso. Pero, entre pataleta y pataleta, puso los puntos, y salimos de allí.
No tuvo ni vómitos, ni le dolió, ni queja alguna. Por la tarde, teníamos previsto ir al cine con los amigos de mi hijo mayor, y allí estuvimos. Y, al día siguiente, con su venda en la frente, fue al colegio. Su profesora no paraba de disculparse, «no tienes la culpa, los niños son así»- le repetía. Le dejé con cara triste, y su profesora me decía que lo vigilaría bien. Me sentí mala madre por dejarle, pues no trabajo. Pero, quería restarle importancia al hecho de la caída. Que no cogiese miedo, y sobretodo, ya que iba medio contento, no volver atrás.
A las 14h, lo recogí, y estaba feliz. Buena cara y una sonrisa de pillín que me encanta.
Estoy orgullosa de un niño de 3 años que ha sabido a pesar del susto, y de no saber qué le estaban haciendo, comportarse en el hospital. Llorar lo justo, pues es normal a su edad. Y, ser un valiente.

No se han encontrado comentarios