He comenzado a escribir sobre mis hijos al mismo tiempo. Lo siento por mi peque el no poder seguir escribiendo por separado cómo he hecho hasta ahora con el mayor, pero me es imposible. El ritmo ha cambiado, y a veces no encuentro momento para poder escribir. Pasan a diario tantas anécdotas, que me da rabia no poder anotarlas todas. Necesitaría una grabadora o una pluma mágica al estilo de la periodista que sale en la película de Harry Potter el Cáliz de Fuego…
Ahora mismo mis hijos tienen 6 y 2 años. Mi hijo mayor, ha empezado ya el colegio Primaria. Va muy contento, y vamos a ver qué tal se desarrolla el curso. Mientras Él está en el colegio, mi peque y yo, paseamos y luego disfrutamos si hace buen tiempo en el parque. Llegamos a casa y almorzamos. Recojo un poco y limpio. Jugamos durante una hora hasta que vamos a por su hermano. Unas veces se duerme en casa, y otras en el trayecto al colegio. Tenemos ésta rutina diaria, y de momento nos va muy bien. Ya el año pasado era así.
A veces, piensas cómo serán tus hijos cuándo sean mayores, me refiero a tener 14 años, 18 años…pero, creo que no van a ser muy diferentes a cómo son con 6 u 8 años. El mayor, sigue tan cuadriculado cómo de pequeño. Necesita saber con antelación los planes. Si no le gustan protesta y lloriquea. No le gusta salir de casa, prefiere quedarse jugando o viendo alguna película, eso sí, con sus palomitas. Andar, salir a comprar, ir a cenar si no es con «alguien», etc. le causa un gran disgusto. Es de ideas fijas, y le cuesta cambiar la actitud. Quizá en ésto se parece a mí. Pero, sigue siendo muy tranquilo y educado. Lo que me gustaría hacerle entender, son ciertas actitudes hacia las personas mayores, ó personas con discapacidad. No llega a entender que se les debe mucho respeto y cariño. En ése aspecto, es muy «pasota», no lo entiende, no tiene empatía.
En cuánto al peque, es activo, cariñoso y cercano. Le encanta salir de casa y jugar en el parque. No concibe eso sí, salir sin su hermano si éste está en casa. No para ni un segundo, volteretas, subir y bajar del sofá, coger los juguetes, ahora los dibus en la televisión, ahora almorzar…es un continuo «Mamá, quiero…». Pero, es muy agradable estar acompañada, aunque a veces evidentemente me estrese y grite.
De hecho, me ha pasado. Me pasa continuamente últimamente. Me siento tan sobrepasada emocionalmente, que mi hijo mayor hay ocasiones que no me entiende. Ocurre que también es tan difícil comunicarme con mi marido. O está ausente, ó a veces simplemente por no agobiarnos con asuntos varios, no nos comentamos nada. Pensamos «bastante tenemos con lo nuestro». Otras, son los niños los que no nos dejan hablar. Ésto nos pasó el otro día. Intentaba hablar con mi marido, creo que era una lista de la compra. Le decía lo que necesitaba, pero constantemente, los nenes interrumpían. Al final, entre mi estado de ansiedad, y los gritos, acabé yo gritando cómo una loca. Luego, venía la hora del baño, y cómo no, se negaban los dos. El pequeño bueno, al final, está en fase de aprendizaje, pero el mayor…se puso a llorar. Me tuve que encerrar en la cocina para calmarme. Y mi hijo mayor, al cabo de un rato viene y me dice: «te perdono mamá. Es que me he puesto muy enfadado y no debería».
Siento que mis frustraciones les afectan. Si gritan, quizá sea por mi falta de control ante ciertas situaciones. No debo gritar ante ellos. No se debe discutir entre los padres delante de ellos. Todo lo aprenden. Mi hijo mayor, grita a su hermano, por pequeñas peleas que no tienen sentido. Y, suelo pensar que lo hace en parte porque a mí me oye. «Si mamá lo hace, estará bien». Tiene comentarios o actitudes hacia su hermano pequeño, similares a las mías. Le oigo palabras o frases que las digo yo. Su rabia hace que cómo él dice: «no puedo controlar mis manos», y le agarra de la cara y hace amago de pegarle. Pero no lo hace. Es sólo rabia contenida. Evidentemente, soy responsable de mi comportamiento, y del de mis hijos.
Aún así, mis hijos son buenos chicos. Me preguntan siempre que quieren jugar a las consolas, ó siempre me dicen lo que van a hacer y si pueden hacerlo.
En fin, septiembre se desarrolla con normalidad. Colegio, extraescolares: natación el mayor, multideporte el pequeño. Ambos se los pasan muy bien en sus deportes. El peque, se lo pasa bomba. Va además con su prima, y realizan juegos. Los padres podemos estar con ellos, y de hecho hasta su hermano pasa a jugar. Es una manera divertida de pasar el rato, y de que aprendan a hacer deporte, psicomotricidad, y relacionarse con otros niños de sus edad.
Tengo que decir, que tras mucho tiempo, hemos conseguido que el peque controle el pipí. Al menos en casa, fuera tenemos que estar continuamente observándole. Pero, es un gran avance que pensaba no iba a conseguir.
Mi conclusión final de éste mes, Me siento orgullosa de mis hijos, cómo cualquier madre. Aunque sigo pensando que los agobio un poco, y que no llego a entender ciertas actitudes de mi hijo mayor. Que debo dejarle su espacio y dejar que se desarrollen sus cualidades emocionales, ayudándole a controlarlas en determinados momentos de su vida. En definitiva, aprender a estar ahí, sin agobiarles.

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