¿Por qué tengo que dar besos, mamá?…
Seguro que ésto se pregunto mi hijo, cuando sus abuelos, ó algún otro familiar, se empeña en darle un beso cada vez que le ven. Sólo porque ellos se empeñan en que mi hijo tiene que dárselo.
Al principio, hasta yo misma, me extrañaba de su comportamiento. Antes, (y, cuando digo antes, digo excasos dos meses), a mi hijo, no le importaba que le dieran un beso, o inclusive besar él mismo. Pero, de pronto, un día ésto cambió, y decidió que con su autonomía de niño de 3 años, podía decidir a quién besar y a quién no. Ésta decisión, ha afectado a abuelos, tita, primos y demás familiares. Y, ha salvado a papi, y mami. Lo que ocurre, con ésto, es que los familiares, que no entienden éste hecho, insisten en que mi hijo ya no les quiere, que es un arisco, que se parece a sus padres (mi marido y yo misma, no somos demasiado besucones)…no estoy de acuerdo. Ahora no.
Mi hijo no es ni más ni menos cariñoso, simplemente, su actitud ha cambiado. Cada día que pasa, su personalidad evoluciona. Los adultos ya tenemos nuestra personalidad forjada, lo único que cambiamos es nuestra forma de actuar según que circunstancias, pero un niño de 3-4 años, está forjándosela a base de imponer su voluntad.
Él piensa «¿por qué te tengo que besar? Ahora no me apetece», le da igual que tus sentimientos sean de tristeza o que no le entiendas. Ahora «no tengo ganas de besarte», y debes respetar sus decisión.
Si no lo haces, si le chantageas, lo único que consigues es su rechazo.
Mi madre, que siempre alardea de que es a la única que da besos y juega con ella, se llevó un pequeño «chasco», cuando fue a darle un beso a mi hijo, y le volvió la cara. «¿Eso le haces a la abuela?, ¿dónde se ha visto eso, que rechaces a la abuela, que no le des un beso?»…mi hijo, miraba hacia bajo, como diciendo, «no te entiendo Abu, pero no quiero darte ningún beso». Como madre, me hace sentir, la situación, un poco desesperada, porque no sé qué hacer ni cómo mediar. Por otro lado, entiendo a mi hijo, y no le doy importancia. Que me gustaría que fuera un poco más cariñoso, quizá. Pero, también sé, que la fase de negación pasará.
Cuando me paro a pensar en la situación, me doy cuenta, que yo, no pido besos a mi hijo. Simplemente se los doy. Y, se los doy, cuando creo que son necesarios. No lo cogo y lo achucho en plan abuela de las antigüas (esas que nos cogían los carrillos y nos los reventaban a besos), no, simplemente, lo beso. Y él, me los recibe con cariño.
Hay que tener paciencia.
Y, entender que hay una personalidad que desarrollar.
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