Mi hijo de 4 años, ya sabe lo que es jugar a la consola. Sabe lo que es la frustración por no pasarse una pantalla. No controla el hecho de que ha estado ya un tiempo jugando, y es hora de apagar. Se enfada con nosotros, y no quiere jugar o salir a la calle.

Pero, para eso están los padres. Debemos poner límites. Y, es complicado. Antaño, era más fácil, sin tanta tecnología a nuestro alcance. Salíamos a la calle con nuestras bicicletas, jugabamos con los amigos, o simplemente charlábamos sentados en algún bordillo de la acera. Ahora, ante tanto peligro que acecha en la calle, dejar salir sólo a nuestro hijo, se aplaza a una edad que consideramos ya se puede defender 13 ó 14 años. Siempre con el móvil en la mano, y si es posible, observándole de lejos, ó llevándole en coche y esperando que acabe, para nuestra mayor tranquilidad, llevarlos a casa sanos y salvos.

Las consolas, no las considero perjudiciales, los perjudiciales somos los que las manejamos y no ponemos límites.

Las consolas, videojuegos, surgen del ritmo acelerado que llevamos los adultos y arrastran a nuestros hijos. Son un escape a nuestro cansancio ó falta de ganas de iniciar una conversación o juego con ellos. No siempre es así, pero está claro, que mientras nuestros hijos están conectados con el videojuego, incluso online con sus amigos, nos ahorramos estar preocupados porque estén en la calle, ó tener que escuchar quejas y ruidos.

Ahora mismo, habrá padres descansando, durmiendo la siesta, mientras sus hijos juegan frenéticamente a algún videojuego. Porque, una cosa es jugar un par de horas ó tres, ó un día entero, con amigos o familiares, tú sólo ¿porqué no?…también es un reto pasarte las pantallas, ó averiguar cómo se pueden pasar…y, otra cosa es no interactuar con nadie durante semanas, levantarte por la noche, ó incluso no dormir, porque el juego te puede.

Conozco a personas, que ésto les ha ocurrido, pero han sabido, frenar a tiempo, y hoy en día, son adultos responsables, padres de familia, que siguen jugando y viciándose, pero a otro nivel.

Cómo reconocer una adicción:
• Invertir más de 4 horas por día en los videojuegos
• Descuidar otras actividades importantes y/o los afectos
• Proponerse no jugar o jugar menos, y no poder lograrlo
• Ponerse nervioso, irritable o angustiado si no se puede jugar
• Mentir o mentirse sobre la cantidad de tiempo que se estuvo jugando
• Desobedecer la cantidad de tiempo establecido de juego
• Retracción social de familiares y amigos
• Alteración del sueño
• Alteración de la alimentación
• Problemas de salud por sedentarismo o la postura
• Dificultades académicas o laborales
• No  poder dejar de jugar a pesar de advertir la dificultad

Es importante reconocer, que jugar a las consolas, a según qué juegos, no es perjudicial. Hay que establecer tiempos. Por ejemplo, durante la semana no se juega, sólo los fines de semana, y unas horas. Luego hay que salir, y jugar en la calle. Y jugar en casa. A diario, realizar deporte. Y, se sigue con firmeza las normas, se consigue. Mi hijo, no lo entendía, pero ahora, lo ve normal.

Los chavales de 12 ó 14 años, ahora están en la fase «no me importa lo que me digas». Es decir, se pueden tirar todo un día jugando sin despegarse, no hablan, ni interactúan. Incluso, en online, dónde entablan conversaciones con los amigos. De hecho, ésto me recuerda, cuándo los ves por la calle. Cada uno con su móvil, ó sentados sin mirarse, mirando la pantalla del móvil.

Peor quizá también es, cuándo los padres dejan los móviles a sus hijos, para poder entablar una conversación de adultos en una cena, para poder conducir sin que les molesten o se duerman, ó para pasear. De éstos, hay muchos.

En fin, los tiempos irán a mejor, y la tecnología a superarse cada año. Es así, porque el ser humano ya no es el mismo que hace 40 años. Homo Sapiens, ¿dónde has quedado?.