Con la epidural puesta desde las 16 horas, ya podía al menos sentir las contracciones, pero de una forma tranquila y sin dolor.
Menudo día.
Desde las 9 de la mañana que me prepararon para pasar a la sala de dilatación a provocarme ya el parto, hasta ésta hora, las 18,15 de hoy, un 19 de diciembre de 2012, había pasado por un agotamiento físico y mental increíble e impensable.
Yo era de las que decía, «sin epidural, aguantaré el dolor, quiero un parto a la antigüa usanza, con todo lo que conlleva»…¡y qué sabía yo!.
A las 9, me dieron un vasito de leche, y me pusieron una lavativa. A las 10, echaba todo lo que tenía que echar, y ya en la camilla, me pasaron a la sala de dilatación. Sólo podía acompañarme una persona, por supuesto mi pareja, y no podían intercambiarse ya, en toda la mañana. No quería de hecho. Necesitaba a mi chico, sí o sí. Su sentido del humor y tranquilidad, fue lo que me hizo en muchos momentos seguir con fuerza hasta el final.
Empezaron por ponerme la oxitocina poco a poco.
No se me olvidan las palabras de una enfermera «hoy, va a ser un día largo, tienes que estar preparada»…
Gracias a todas las enfermeras del hospital general, porque se portaron conmigo genial. Amables, simpáticas, y muy atentas.
No volveré a explicar mi experiencia. Ya lo he hecho anteriormente. Sólo quiero hacer una mención al recuerdo de éste día, porque para mí, es importante.
Pasé mucho en verdad. Oía gritar a otras mujeres, cuando mis contracciones todavía no eran fuertes, y preguntaba a las enfermeras, ellas decían «exageran, tranquila», en verdad, no creo que exageraran, pero sí que era quizá su forma de apacigüar el dolor, gritar…chillar más bien.
En mi caso, lo sufrí en silencio, pero fue muy duro.
Mi chico, miraba el monitor, y decía «preparada, viene una»…y me cogía la mano. Yo, miraba a un punto fijo de la habitación, e intentaba respirar, y pensar en otra cosa. Era duro. Probé incluso a subirme en una especie de pelota, que me explicaron las enfermeras, al sentarme y rodar en la dirección que yo eligiera, podía tener menos dolor. No fue así, las contracciones cada vez más seguidas, y más fuertes, al final me hicieron llorar, sentirme menuda, y finalmente solicité la epidural.
Lloraba de rabia al haber sucumbido al dolor, y lloraba del propio e insoportable dolor.
Hacia las cuatro del mediodía, el anestesista, quedó libre, subió. Mi chico, tuvo que salir.
Me decían «no puedes moverte mientras te pinchan en la vértebra»…¡qué dices, si era insoportable!. Cogí la almohada, y me la coloqué bajo la barriga. Sentada, inclinada hacia delante, respiraba y aguantaba sin moverme las contracciones.
Fue instantáneo.
Aquel líquido, entró directo. Calmó el dolor de forma rápida y eficaz. Nunca creí que fuese tan rápido. El anestesista me lo dijo, «tienes que sentir un alivio directo entrando por la pierna, sobre todo la derecha»…y así fue. Luego, notaba la contracción, pero no el dolor. Notaba como el vientre se endurecía, pero no el dolor…
Sólo un pequeño problema, instantes después de marcharse el anestesista, mi bebé nos daba un susto. Sus latidos disminuyeron hasta el punto de reunirse de golpe, a mi alrededor unas 8 personas, entre enfermeras, matrona y ginecólogos. Me pusieron oxígeno, me decían «ponte de éste lado, ahora de éste…», pero nada, al cabo de unos minutos, ya no aguanté más, me puse a llorar desconsoladamente. Me empezaron a tranquilizar, y al cabo de unos minutos, mi hijo, volvía a dar señales de vida…al parecer, al inyectarme la epidural, provocó un choque tan grande al bebé, como ocurre con las contracciones, que su corazón dejó unos instantes de latir al ritmo que debía.
A partir de aquí, todo fue mejor.
Echa polvo, se me cerraban los ojos, y sólo quería ver a mi pequeño.
Hacia las 20 horas, con el cambio de turno, vino a verme la matrona que se incorporaba, y al tocarme, vio por una parte que tenía la vegiga a tope desde las cuatro de la tarde, y que por mucho que empujara, mi bebé no encajaba, y que había dilatado apenas 4 centímetros.
Al cabo de una hora, vinieron el ginecólogo y una ginecóloga, y decidieron llevarme al quirófano, y realizarme una cesárea.
Ya hacía horas que me habían roto las aguas, de hecho, fue por la mañana.
Las contracciones ya eran demasiadas y duraban ya mucho.
Yo estaba hecha polvo, y no hubiese podido empujar.
Pero, es que, mi hijo, no estaba encajado, ni lo iba a estar.
Hacia las 22 horas, me confirman que me harían la cesárea «¿por qué no antes?», preguntamos: «porque, primero se debe intentar por vía natural, la cesárea es lo último»…pero, lo que yo pasé, y seguro pasarán más mujeres, es inhumano. Por muy bien que te traten.
La cesárea, me dolió. Noté todo. Pero, por fin, vi la cara de mi hijo.
Uff, lloré. Y lo oí llorar…
Luego, me llevaron a un pasillo, y me enchufaron una especie de tubo con calor. Me reconforté un poco. Eran las 12,30 aproximadamente.
Al poco tiempo, ya estaba en la sala de observación, con mi hijo y mi chico.
Qué instante tan bonito, cuando llegué, ví a mi chico sentado con nuestro peque en brazos. Su cara
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