
La Flor de la Vida es una de las formas mas conocidas de la Geometria sagrada. Este simbolo sagrado está formado por 19 círculos del mismo diámetro superpuestos y distribuidos en el espacio de manera uniforme simulando los pétalos de una flor.
En forma de colgante para el cuello, de mandala para la habitación, despacho o sala de yoga. Sin embargo, la flor de la vida es lo que comúnmente se denomina a una persona que aún sintiéndose envejecida, le dicen «pero si estás en la flor de la vida».
Acabo de cumplir 44 años, y según para qué, estoy o no en la «flor de la vida».
Me siento envejecida al compararme en estudios con otros adolescentes, que pueden tener mayores oportunidades laborales que yo, que a mi edad, ya se me ha pasado la fase de estudiar idiomas, informática, experimentar viajando y aprendiendo de otras culturas, etc. Tuve mi oportunidad, y aunque nunca es tarde, ya no me siento con las mismas ganas, ni retengo igual en la memoria, ni tengo la misma concentración cuándo estudio.
Intento saber qué hacer, y no estudiar por estudiar. En el siglo que estamos la era de la digitalización informática, todo lo que ello engloba, a nivel de Tecnología informática y Comunicación, además de programación, debería optar por una carrera o módulo que me permita trabajar nada más acabar los estudios, pues es bien seguro, que trabajo no me faltaría.
Aún así, debo ser sincera conmigo misma, y no puedo estudiar algo que no interiorizo, que me cuesta entender más allá de lo cotidiano. Es interesante conocer qué hay detrás de las aplicaciones y webs que nos rodean de forma habitual y que no paramos de contactar. Lo he intentado, pero y puede que demasiado pronto, me he dado por vencida.
En éste paso, en el que he decidido quizá ir a lo «fácil», siento que he decepcionado una parte de mí, que intentaba ser valiente y optar por algo que no era mi fuerte. Pero, tras frustraciones varias, opté por seguir estudiando para opositar. Es quizá incluso más difícil, una plaza fija. Pero, se trata de memorizar, y de tener suerte al fin y al cabo.
Estudiar programación requiere de una habilidad mental y de saber recurrir a mucho más de lo que has estudiado, que mi ser, sabe que no dispongo. Me comparo con los «burritos», que antigüamente les ponían una especie de viseras alrededor de los ojos, para que no viesen el camino, y así no pararse, pues similar.
Tengo un par de viseras, soy de memorizar y no salirme de lo escrito. Y sí, me resulta fácil. Codos y más codos, cómo se decía antes. Siempre ha sido así. Memorizo y olvido.
¿Me estaré infravalorando?.
Puede, pero a mi edad, con dos niños, y personas mucho más preparadas que yo, creo que no me alejo mucho de la realidad.
Al final, se trata de tener fuerza de voluntad, creer en uno mismo, ser constante con lo que quieres, e ir a por ello. Conozco personas que lo han logrado, y realmente, lo he intentado unas cuántas veces, pero, cuándo estoy a mitad de camino o empezando, algo en mí, hace que piense «no puedo», «no lo lograré», «perderé el tiempo», …y finalmente, abandono el proyecto que creí podría acabar.
Quizá el no haber tenido mucha suerte laboralmente hablando, a pesar de mi dedicación, ha hecho que me valore mucho menos. También puede ser, que le esté dando más importancia de la que debo a unos estudios. Seguramente, no sé lo que quiero. Creo que nunca lo he sabido. Y sé seguro algo, que nunca ya lo sabré.
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