Los berrinches: gritos, lloros, pataletas, …no sabes ni el porqué, ni cuánto durarán en tu pequeño hijo. Sólo sabes que tienes que mantener la calma, que te tiene que dar igual el lugar dónde estés, ser firme en cuánto a las decisiones que puedan haberle llevado al berrinche, y qué pase lo que pase no hay que gritarle, y pedirle que se tranquilice.

¿En serio?…sí. Sabemos que es la forma que tienen nuestro hijo de gestionar sus emociones, da igual que sea porque quiere un caramelo, que le compres un juguete, quedarse más tiempo en el parque, ó simplemente no quiere hacerte caso…sus emociones a flor de piel, te hacen ver lo mucho que puedes gestionar las tuyas propias, y mantenerte en el lugar que te corresponde.

Mi hijo, está en dicha fase. Me lía pataletas por casi todo, y siempre quiere salirse con la suya. Debo mantenerme en calma, pensar que tras media hora, todo pasará y habrá aprendido la lección. Pero, no es así. Tras pasar el berrinche, todo se olvida. Resetean a modo de un ordenador, y al día siguiente, lían otra diferente. Durante una época, a mi hijo le dio por no querer estar dentro de un restaurante o locales similares. Por lo que, salir a cenar era tarea imposible. Una vez, mi marido insistió en ir a cenar con la familia, y claro. Era invierno, y debíamos estar dentro. Al cabo de 20 minutos, empezó a ponerse nervioso y quería salir. Dentro lloraba sin parar, no quería irse con nadie, sólo conmigo, y todos mirando, no entendían nada. Yo sí. Al final, decidí salir fuera, se salió con la suya sí, pero la situación era insoportable. Antes, le había insistido a mi marido que debíamos irnos a casa, mis nervios estaban ya a flor de piel, pero no me hizo caso. Fuera del restaurante, mi hijo se calmó. Las palabras de mi marido fueron: «era tan fácil cómo que lo cogieses en brazos y salir fuera». Menuda decepción. Esperaba un «sí, vámonos, es lo mejor».

Pensé, «cómo siempre soy la neurótica, exagerada, y mala madre».

Siempre he intentado hacer lo mejor para entender a mis hijos. Y he seguido algunos consejos de artículos y revistas. Por ejemplo:

  • Los niños necesitan comprender sus límites, qué se puede hacer y qué no. Cuanto antes lo entiendan mayor seguridad encontrarán en su día a día. (Cierto, y cada día les recuerdo sus límites)
  • No tengas miedo de dar un «NO» a tiempo, algo tan sencillo nos evita problemas posteriores. (Un NO, en ciertos artículos te dicen que es cómo frenarles)
  • Sé congruente con las normas y nunca las rompas. (Imposible, en ciertas circunstancias, se rompen)
  • Haz uso de cartulinas con dibujos. En cada cartulina dibujaremos una emoción: rabia, miedo, tristeza… Es necesario que los niños aprendan cuanto antes a identificar esas emociones negativas para saber canalizarlas. (Cartulinas y mucho más utilizo para mostrarles el día a día)
  • Para ello, les explicaremos qué se puede hacer con cada emoción. «Si siento rabia debo explicar en voz alta por qué me siento así». Aprender a comunicar emociones en primera persona es algo muy útil que podemos favorecer desde etapas tempranas de forma sencilla, elemental.

Al final, eres tú cómo madre, la que tiene que saber gestionar las emociones de tu hijo. Muchas veces, me dicen que estoy muy pendiente de mis hijos, de darles lo que necesitan, de no dejarles que se aburran, que les hablo mucho, y ellos desconectan…puede que sea verdad, pero si algo de lo que les inculco les sirve en un futuro, me daré por satisfecha.