Descripción general
La articulación temporomandibular (ATM) actúa como una bisagra deslizante, que conecta la mandíbula al cráneo. Tienes una articulación a cada lado de la mandíbula. Los trastornos de la articulación temporomandibular, un tipo de trastorno temporomandibular, pueden causar dolor en la articulación de la mandíbula y en los músculos que controlan el movimiento de la mandíbula.
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Al leer éste artículo, he recordado lo mal que lo pasé, lo bien que estoy ahora, y lo que recomiendo no dejar que el dolor te paralice pensando «se pasará», cuándo obviamente, ésto no sucede.
Todo ésto comenzó en marzo de 2018. Llevaba mucho tiempo con dolor en la boca, pensaba que eran las muelas del juicio, pues durante algún tiempo el dolor desaparecía. Pero, durante éste mes, el dolor, se fue agudizando de tal forma que era insoportable. Al principio, incluso me dolían ambos lados de la mandíbula. A finales del mes de marzo, decidí una mañana ya desesperada, acudir al dentista sin previa cita, y me dice que salvo una caries que en principio no tenía porqué dolerme, no tenía nada más. Ni muelas de juicio saliendo, ni entorpeciéndome la boca. Me miró detenidamente, y me palpaba mandíbula y cuello, también oído, y finalmente me dio el diagnóstico: ATM dolor mandibular causado por tensión acumulada. Quizá por apretar demasiado los dientes al dormir e incluso durante el día, y acumulación de estrés. Todo unido, a un posible cuadro de ansiedad. Me dijo, «deberías tratar de ir a un masajista especializado en la zona, y ponerte un aparato durante la noche (200euros aproximadamente), para evitar que aprietes los dientes.
Ésto fue un día antes de marcharnos de viaje (era Semana Santa), había pasado el peor fin de semana desde que apareció dicho dolor, y ya tenía «veredicto». La noche la pasé horrible desde las 4 de la madrugada. El dolor no desaparecía. Durante el viaje 3 horas, tuve fuertes dolores, y se unió un trayecto agotador con los niños, que no se dormían y no paraban de quejarse. Llegué muy mal, y tuve que decirlo a la familia. Ése día con pastillas, y finalmente al día siguiente desperté sin dolor. Y, quizá por el cambio de aires, tuve unas buenas vacaciones.
Tras una semana, el dolor vuelve y se «instala» tan sólo en el lado izquierdo de la mandíbula. Tengo días alternos de dolor. El mes de mayo pasa más o menos con dolores leves.
Pero, llega el mes de junio, y los dolores comienzan a ser más frecuentes, hasta que el 18 de junio, comienza a dolerme ya incesante el lado izquierdo desde las 22 de la noche, hasta el día siguiente. Cada vez más y más intenso. Me llega hasta el oído. El dolor remite.
El 20 de junio, a las 22 de la noche, nuevamente empieza a dolerme, ésta vez, tras un disgusto mío. No puedo dormir. Literalmente no duermo absolutamente ninguna hora. El dolor me dura todo el día 21 también, y finalmente, acudo al traumatólogo (que justamente tenía cita éste día). Tras el diagnóstico, me receta calmantes durante cinco días, y rehabilitación durante 10 días.
Sin embargo, hasta que empiezo la rehabilitación, paso días horribles.
El 29 de junio, empieza el dolor a las 20 de la tarde, y va en aumento. Otra larga noche sin dormir. A las 9 de la mañana del día 30, sigo con dolor, y el día es horrible. Me dan pinchazos el oído, me duele el cuello, no puedo comer, la boca me duele. La cabeza, por primera vez, me estalla de dolor. Tomo cada 6 horas ibuprofeno. Hacia las 17, el dolor parece remitir. Tengo dolor mandibular y de cabeza. Hacia las 22.30 el dolor me va despareciendo.
En julio, comienzo la rehabilitación. Son sesiones de 1 hora, y recomiendan realizarlas seguidas, es decir, 10 días (o lo que te receten) seguidos para que haga efecto. Son sesiones de rayos láser, y ultrasonidos, masajes con aparatos…todo mecanizado. Durante el período de rehabilitación, tuve varias recaídas, aunque remitían rápidamente con ibuprofeno. Lo que se me agravó fue la ansiedad. Tuve varias crisis, en las que sin más me agobiaba, y lloraba. Una fue esperando a ser atendida en el INEM, apenas había gente, pero de pronto, comencé a sentir mareo y tuve que salir. Lloré, y al cabo de unos minutos, sentí recuperar el aliento.
Algo parecido me ocurrió paseando con mis hijos y mi marido por la calle. Me mareaba y sentía opresión. Pasamos por una farmacia, y me puse a llorar. La chica me tomó la tensión, me dijo estaba bien, y que lo que me pasaba era que estaba agobiada, posible ansiedad.
Julio pasa con dolores, pero moderados. Pero, al llegar Agosto, a mediados, se produjo otra crisis de dolor aguda. Comenzó por la mañana un viernes, y por la tarde ya era insoportable. Sin dormir nada, al día siguiente sábado acudí a urgencias, no podía más. Me pincharon nolotil. y me recetaron antiinflamatorios durante 7 días. Finalmente, la tarde del domingo, el dolor desapareció. No podía comer, pero no tenía dolor.
Septiembre pasa con una visita a urgencias, pero tras una semana de ésta visita, voy mejorando.
Octubre, sin dolor. La ansiedad y nerviosismo no desaparecen, creo que éste es otro «problema» a tratar por otra vía.
2019: 18 de octubre.
Ha pasado ya un año, y todo ha ido bien. No he tenido dolores, ni molestias. No se ha resentido en ningún momento la mandíbula, ni tan siquiera tras disgustos o gritos. Espero que siga así.

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