Hoy he tenido una reunión con la profesora de mi hijo mayor. Primero de primaria. Es la primera reunión que es un poco más seria porque quería tratar conmigo temas que podrían afectar a su comportamiento.

Entramos en una nueva etapa. Y cerramos la infantil. Cuándo nuestros hijos entran en primaria, parece que el mundo va a cambiar, y que todo se va a hacer más difícil: deberes, responsabilidades, amigos, materias nuevas, etc. Pero, el caso es, que ya ha pasado casi el curso, y no todo a sido tan complicado. El miedo de los padres es mucho más terrible que el que tienen ellos. Al final, se queda en un mero «susto».

Es verdad, que desaparecen las actividades dónde tú, también te conviertes en protagonista de tu hijo, pues son esas excursiones en las que los padres podíamos acompañarlos, ó las manualidades dónde la profesora necesita de tu ayuda para realizarla, talleres de cocina, etc. Luego estaban los festivales de Navidad, La Castañera, Fin de Curso…Es una etapa muy especial la que acaba, dónde aprenden a leer, dónde te sorprenden con canciones, dónde lloras porque los ves crecer…Y, luego comienza el miedo a lo desconocido. Ya no están, protegidos por una vaya, por una profesora que se sienta con ellos si no comen el almuerzo, dónde el baño es exclusivo para ellos…Ahora empieza la «batalla» por ganar seguridad, y mucha responsabilidad.

Mi miedo sin embargo, venía porque mi hijo, es muy tímido, introvertido en ocasiones. Se enfrentaba a nuevas caras y otras ya conocidas. Una nueva tutora y un nuevo hábito de estudio. Casi a finales de curso, su tutora quiso reunirme y explicarme cierto comportamiento de mi hijo en el colegio. Quería comprobar si fuera, en su entorno más familiar, era similar.

Volviendo a la reunión, empezó comentándome que era un niño tranquilo y listo. Que le gusta mucho las matemáticas y el cálculo mental. Sin embargo, ha notado que la frustración, el miedo a equivocarse o ha pensar que lo hace mal le puede tanto, que le hace llorar en muchas ocasiones.

La frustración comienza por algo tan insignificante cómo que para ésta reunión, la tutora me escribió una nota, y yo, debía contestarle por el mismo medio. La nota la escribí y la guardé en la cartera de mi hijo, pero se me pasó avisarle. Cuándo le pregunté si le había dado la nota, se puso a llorar sin parar. Tenía frustración, porque no había visto la nota hasta el final de la clase, y ya su tutora no estaba para poder entregársela. «Es importante para tí, y no se la he podido dar. Se la he dejado sobre la mesa». Y era perfecto, pero no para él, que tenía que habérsela entregado en mano.

Me comentó también, que ve en mi hijo, un comportamiento extremado de frustración ante determinados acontecimientos, acompañados de un sentimiento de culpa que le hace llorar desconsoladamente. Su excusa es «no puedo controlarlo». Si pega «es que mis manos no he podido controlarlas», si llorar «necesito llorar, no es nada malo».

Para evitar tanta frustración, intento hablar mucho con él. Averiguar sus gustos, qué quiere ser de mayor, qué motivaciones tiene…pero, con 6 años, no son edad suficiente. En realidad, la frustración, viene por todo, el colegio, los juegos, la consola, sus amigos, el salir a la calle, si le castigo o reprendo por algo…etc. No poder hacer alguna tarea del colegio, no pasarse un videojuego, etc. En clase, al parecer sólo quiere estar con su mejor amigo, y no interactúa con el resto de la clase, y cuándo lo hace, intenta hacerse el «gracioso», porque piensa que así, caerá mejor. Es más, me llegó a decir, que «agobia» a su amigo, hasta el punto de enfadarse si él elige jugar con otro compañero ó se hace amigo y juega en al patio con otros niños.

El caso es, que me ha recomendado llevarle aunque sólo sea para establecer ciertas pautas, a una psicóloga (Ver Analizando a mi hijo mayor. Visita al psicólogo). Y eso haré.

En casa, es muy «cuadriculado» por así decirlo. Tiene que sentarse en el mismo sitio en el sofá, beber la leche o comer con los dibujos, dormir con 4 peluches, no quiere salir al parque o merendar…etc, sino es con amigos o familiares, en cuánto llega a casa o cualquier otro lugar, se quita las zapatillas, no interactúa con otros grupos de niños, y si se ve agobiado se retira del lugar y dice que «esos niños son tontos», necesita su espacio muchas veces, y si su hermano se lo invade o cualquier otro niño, recoge y se va, o se enfada mucho, su entorno se reduce a 3 amigos, y no admite más.

Pero, me siento orgullosa de él. Al final, resulta ser un niño inteligente y tranquilo. Le gusta la «soledad» de su imaginación, aunque le cuesta mucho jugar sólo, eso sí, cuándo lo hace, realmente sus historias son divertidas y puede estar una hora jugando. Puede que algo de asperger tenga, porque a decir verdad, no entiende muy bien las ironías, se llega incluso a molestar. Y, siempre quiere saber las cosas por adelantado, con quién, dónde, por qué…etc. No es muy cariñoso, evita todavía los besos y abrazos. Sin embargo, le gusta jugar a cosquillas y de vez en cuándo, se le escapa un acercamiento cariñoso, al menos hacia mí.

Hay que tener paciencia pues en ella está el hacer que mi hijo crezca feliz y sin culpabilidad alguna de sus frustraciones. Debo ser consciente de que mi hijo no va a ser el «alma» de la fiesta ó va a contarme todo cuándo yo le pregunte. Pero, ¿a caso yo lo he hecho?…Me sentí agobiada cuándo fui cómo mi hijo, y de adolescente mucho más. Mi madre se pensaba que era antisocial, y realmente, era tímida y muy muy insegura de mí misma. Creo que ésto le pasa a mi pequeño, y si no me «controlo», caeré en el mismo error que mi madre…y, no confiará en mí.