NO PUEDO MÁS…!!!!

Mira que me había levantado con humor. Con buen humor, quiero decir.

Es viernes 15 de agosto. Festivo nacional.

He decidido, que sea mi pareja, quién decida dónde y con quién irnos a comer, de excursión…o dónde quiera. Entre otras cosas, porque mi familia está de viaje, y no tengo que hacer planes con ellos.

Ventaja: puedo estar a disponsición de los planes de la familia de mi pareja.
Inconveniente: me marean, me marean….me marean mucho.

Así que, cogimos el coche, y sin pensarlo mucho, junto a unos primos de mi pareja, nos fuimos a una playa. La playa distaba mucho de ser «especial», simplemente era una playa. Muy concurrida, sin aparcamiento, muuucho calor, y el agua sucia y con oleaje.

Así que, dispusimos todos los bártulos sobre la arena: la sombrilla, toallas, bolsas…, y mi hijo, tan contento, dijo:
¡Al agua, mamá!…-uuuuu!- mi hijo, está decidido a bañarse-

Pero, no.

Llegamos a la orilla, y no tocó el agua ni con la punta del dedo gordo del pie, que lo oigo decir:

-¡Me da susto mamá!- y, acto seguido, se puso histérico…llorando, gritando…

Lo malo no es eso. Lo peor es, que no se calla cuando lo saco a la arena, si no que, sigue berreando como un cordero. Todo el mundo se queda mirando…¡¿qué pasa?!. y, no quiere además, que yo siga en el agua metida…quiere que vaya con él.

Así que, cabreada, lo cogo y lo saco casi en volandas, de la arena, y se lo llevo a su padre.

En lugar de callarse, mi hijo, erre que erre llorando.

No se entretenía ni con la arena, ni con los juguetes, no quería hacer nada de nada. – ¡vámonos a la calle!- decía.

(«a la calle» para él, es irse de dónde quiera que estemos. Vamos, salir escopetaos.)

Un desastre. Sobre todo, porque, el día anterior, habíamos ido los dos solitos, a una playa pequeña, cerca de casa. Sin casi gente, sin olas. Allí mi hijo juega con la arena, y cuando le apetece…al agua. De mi mano, sin soltármela…(que me salen hasta agujetas de tenerle cogido tanto tiempo). Pero, se divierte.

No os creáis que acaba aquí el día.

Salimos de la playa, y vamos a la fuente a lavarnos los pies. – ¡Sale fuerte, más flojito!- …que el agua, salía muy fuerte. Madre mía, pues igual que la fuente de la playa de siempre…IGUAL.
En fin, otra odisea. Gritos, lloros, pataletas.

Y su padre y yo…aguantando. No le grité, no le pegué…nada. Obvié su mal genio, y sus continuos desafíos.

Se pasó todo el camino (unos 20 minutos) hasta el coche – subiendo cuesta, con un sol aplastante- quejándose, y queriendo que le subiera – ¡a brasos! (en brazos)… ¡qué me estás contando!?…si estoy a punto de «estrellarte», como diría mi madre.

Total, que en el coche se duerme.
Se despierta, y sigue quejoso, pero en el coche se porta bien. De vez en cuando, me mira y pone cara de «arrepentido».

¡mamá!, ¿estás «fadada»?
Un poco hijo…
nooo, no estés «fadada»…- jeje!, y sonríe.

Pero, yo sigo firme en mi pequeño enfado por portarse mal en la playa.

Vamos entonces al campo de uno tíos de mi pareja. Allí con toda la familia, mi peque está en sus anchas. Juega con juguetes, le da el aire, …pero, parece que la gente hoy, está como el tiempo…»nublada». Las primas que le suelen entretener, hoy, no le prestan atención.

Decidimos irnos a casa. Por el camino, mi hijo empieza a decir que se quiere quedar en el campo.

Ala!!, 15 minutos de tensión…
Su padre conduciendo, yo mirando por la ventana…mi hijo, quejándose.

Llegamos a casa. Mi cansancio mental, empieza a hacerse presente cada vez más…pero, decidimos ir a comprar.

No vamos mal. Llegamos al centro, y mi hijo, que ha sacado fuerzas de no sé dónde…empieza a correr, a saltar, a – «no pillas!!!»…a querer tocar todo y como no, leer libros de la granja de animalitos…¡Diosssssss!…Esas pilas no se agotan nunca!…y las mías ya no se pueden volver a recargar!!…

Llegamos a casa.

Sube compra, colócala en su sitio. Entre tanto, hazle la cena al niño.
Otra burrera mientras tanto.

Quiero la tablet…

No es, «mamá, me das la tablet?» ó «puedo jugar a la tablet?»…noooooo, es QUI-E-RO.

Pues, hasta que no cenes y te calmes, no. Porque encima, estaba protestando porque no lo había subido en brazos a casa….

Durante 2 horas, sin exagerar, lucha constante. Cómete la cena, deja de llorar…y te doy la tablet.
Como quién oye llover. Mi hijo, sigue a la suya.
Cuando se calla – Mamá, no lloro-, me dice…y, empieza a cenar. De pronto para, y su padre, empieza otra lucha.

o comes, o te quito un animalito. No puede ser que te embobes y no comas.

Le quitó dos animalitos, y lo llevó a dormir…sin cenar.

Mi cara, mi cuerpo, todo YO, está hecha polvo. No tengo fuerzas…pero, mi cabeza que me dice: «calma, calma…no le pegues, que se ocupe su padre…tú como si nada»…al final, se rebota mi lado oscuro, y sale mi yo malvado…

entro a la habitación, y le pego un manotón en el culo.

¡DEJA DE GRITAR, YA ESTÁ BIEN!…YA ESTÁ BIEN DE TANTAS CONTEMPLACIONES!!!! TODO EL DÍA PROTESTANDO!…
Qué gritos madre mía.
Los vecinos alucinarían. Pero, ya no podía más.

A veces, los gritos son como una descarga. Sería como cuando sale en las películas, en medio de la nada, y pegan un grito de desahogo. Igual. Sólo que a mí, me salió en medio de una habitación, a las 00,00 horas de la madrugada.

Soy un desastrico. Soy madre, pero ante todo persona. Tengo límites. Y por supuesto, genio. Mucho genio.

No pago con mi hijo ninguna frustación. Es sólo fruto de un mal día. O, de un día, que no ha salido como yo esperaba.

Todos queremos lo mejor. Lo mejor para mí, es ver disfrutar a mi peque. Y, cuando no lo hago. Me pongo de mal humor. Porque pienso: «y para esto tanto esfuerzo??»…

Pero, es así. UNA DE CAL, Y otra de arena…o, no.