Supongo que no será el primer ni el último padre que lo hace, ni será un padre especial por ello, pero, al verlos juntos, no puedo remerdiar sentirme la mujer más feliz del mundo y la más afortunada.
Cuando me quedé embarazada, fue mutuo acuerdo. No fue sorpresa ni hubo arrepentimiento. Pero, cuando hablaba con mi pareja sobre tener un hijo, siempre me cambiaba de tema o me ponía diversas excusas que me hacían pensar que, si algún día teníamos un hijo común, sería más una ilusión mía que de mi pareja.
Estaba equivocada.
Durante el embarazo, me faltó el típico «romanticismo» de padre que toca la barriguita de la madre, le habla, o se sorprende al ver las primeras patadas en la barriga. Mi pareja, fue todo lo atento que cabe esperar: me cuidaba, me mimaba, durante los primeros meses de náuseas, se desvivía porque me sintiera bien, paseaba conmigo en el último tramo de embarazo, me hacía sentir especial.
Pero, fue entrar en el hospital y, hasta el último día, no me dejó sóla ni un minuto.
Y, cuando nació nuestro bebé, el primer pañal, lo cambió mi chico. No creí que fuera a ser tan buen padre. Lo reconozco. Pensé, » lo cuidará cuando yo trabaje, jugará con él cuando yo no esté, y si yo me enfado, entonces le cambiará los pañales». Pero no.
Le ha cambiado muchos pañales, lo hemos bañado juntos hasta hace un par de meses (y ya son 11), lo ha dormido en brazos, se ha quedado por la noche para que yo descansara. Le ha dado el biberón cada 3 horas cuando no tenía que trabajar. Nos hemos turnado para darle de comer. Le ha dado y le sigue dando la cena (biberón o papilla).
Pero, lo más bonito, es que ahora que mi hijo ya hace tiempo que nos reconoce, le sonríe cuando lo ve, le dice adiós cuando se marcha a trabajar, va tras él cuando entra por la puerta. Los dos juegan y se ríen.
Quizá no sea nada diferente al resto de papás, pero, su amor hacia nuestro hijo, hace que sienta mucha ternura.
Le veo mecerlo en su silleta para dormir, y me quedo embelesada viendo como le acaricia su carita para relajarlo, mientras le besa la frente.
Le veo hablándole tiernamente cuando viene de trabajar, con paciencia y cariño, le veo calmarle.
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