Hace unos días, un compañero de trabajo, me contaba como estaba su hija. Casualmente, fue padre unas 3 semanas antes que yo mamá. Su hija y mi hijo, se llevan unos 21 días aproximadamente. Me contaba lo traviesa que era, que cogía el correpasillos y no paraba quieta, que había pasado por una serie de constipados con mocos y fiebre, que al final, ha resultado ser una especie de alergia.
Resulta que, tras varias pruebas le dijeron que podría ser de la leche de fórmula.
Le cambiaron a otra, que casualmente cuesta unos 30 euros y dura 5 días. Tras varios días, ésta leche funciona. Es decir, los mocos se le cortaron radicalmente.
El problema surge cuando los resultados de las pruebas de alergia, dan negativo. Es entonces, cuando la medicina general, dice que ya no se hace cargo del pago de ésta leche, puesto que no está demostrado que tenga alergia alguna. Así que, mi compañero, decidió volver a darle la leche de fórmula anterior. Al día siguiente, los mocos también volvieron. Al instante, la leche de 30 euros, volvió, pero ésta vez sin receta médica. No obstante, han decidido seguir gastándose éste dinero, hasta que, le hagan otras pruebas.
Éste compañero, me enseñaba fotos de su hija, videos de cómo andaba con el correpasillos, y me decía lo cambiada y lo que iba creciendo.
Yo, más discreta, y aunque orgullosa, no suelo enseñar fotos de mi hijo. No sé por qué, pero me guardo sus caritas, sus gracias para mí.
El caso es, que yo le dije «pues, yo no noto la diferencia, mi familia y gente que le ve, me dice que está grande para los meses que tiene, y mi madre cuando hace días no lo ve, me dice lo gordito y alto que está, pero yo, no lo noto, quizá porque lo veo a diario…».
Hoy, sin embargo, estaba jugando como todas las mañanas en la alfombra con mi hijo, y de pronto, me ha mirado, y me ha sonreido de tal forma que me he quedado embobada mirándole.
He visto, a un niño, ya no a un bebé.
Su carita regordeta, su sonrisa pícara enseñando sus escasos dientecillos, le veo haciendo palmas, diciendo adiós, balbuceando palabras, enfadándose cuando le quiero vestir o desvestir, riéndose a carcajadas cuando le hago cosquillas o le doy vueltas jugando,moviendo la cabeza cuando no quiere comer o no le gustan los dibus…
Entonces, he ido a la habitación, y he cogido un album de fotos. Y todavía más, me he dado cuenta de su evolución. Es cierto, que a diario, apenas te das cuenta. El día a día, hace que sin querer te olvides de cuando apenas tenía 2 días de vida.
Hoy, sí me he dado cuenta de cómo ha crecido.
Pero, casualmente, un gesto o una actitud, te devuelven algún recuerdo del pasado. Esta vez, ha sido una postura durmiendo la siesta.
Estaba de lado, con un bracito encima de su cabeza, de pronto, me he parado a mirarlo, y lo he visto en el cestito de mimbre, sobre el sofá, cubierto por su mantita verde, con apenas dos meses de vida. De nuevo, he visto a mi bebé.
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