Seguro que muchas veces, habreis oido decir aquello de «la mujer sólo sirve para cuidar de sus hijos y su casa». De hecho, en tiempos de nuestros abuelos, seguro que aquellas mujeres creían tan a ciencia cierta que ésto era cierto, que acababan creyéndoselo y se convencían de que si realmente no eran capaces más que de realizar éstas labores, así era y así lo harían.

 

Gracias al proceso evolutivo en las mentes de las mujeres, de aquellas valientes mujeres que decidieron ponerse el mundo «por montera» y realizar «labores» más allá de su casa y del cuidado de sus hijos, hoy existen diversos estudios, que demuestran que la mujer que ha parido un hijo, es más inteligente y tiene mayor capacidad de realación y de ordenación, tanto en casa como en el trabajo.

 

Se ha demostrado que aquellas empresas donde las mujeres ocupan cargos directivos, son las que obtienen mayores resultados. Se considera que éste tipo de inteligencia desarrollada tras la maternidad (todavía más), mejora el rendimiento y demuestra mayor empatía y compresión hacia sus trabajadores. Sería de suponer, que en un futuro próximo, la maternidad no se viera como un obstáculo en sí, y sí como un añadido extra a nuestro currículum.

 

Los recorridos neuronales del aprendizaje y de la memoria, se refuerzan gracias al embarazo y al parto. La naturaleza nos dota de un aumento de pequeños «superpoderes»: además de la inteligencia, se une, la mayor capacidad de atención, reflejos, capacidad innata para comunicarnos con nuestro hijo (con tan sólo mirarlos), capacidad para recuperarnos del cansancio ó estrés.

 

Somos capaces de criar a nuestro hijo por mera intuición. Es supervivencia, instito de protección.

 

Podemos afirmar, que una mamá no está en «las nubes» por el mero hecho de tener cansancio acumulado. El hecho de cuidar a nuestro hijo, realizar tareas extras en el hogar, y trabajar fuera de casa, nos cualifica con un «master» en crianza y comunicación. Nuestro cerebro no está distraído, está elaborando un nuevo movimiento de ataque. Quizá hacia el estrés, hacia el cansancio. Quizá esa hormona, oxitocina, potente antidepresiva, esté ejerciendo de las suyas. Ella, causante del nacimiento de nuestro hijo, ahora también colabora en su desarrollo.

 

Estamos capacitadas para ser mucho más que «mamás». Borremos la berborrea de los ancestros.

 

Está claro que, nuestra actividad neuronal influye en nuestro hijo y su posterior evolución. Lo negativo no somos nosotros, es la presión social negativa que por desgracia o por fortuna, se le avecinan. En nuestras manos está que sigan nuestros pasos, o se desvíen de camino, hacia uno equivocado.