Resulta complicado intentar realizar siempre lo correcto.

En ocasiones, debemos esforzarnos por cumplir con las normas de “familiaridad” que la sociedad nos ha impuesto, y al mismo tiempo, con las de tu propia conciencia.

Me refiero al hecho de no saber hasta que punto, hablo en mi caso, hago correctamente las cosas. No sé hasta qué punto, me porto o no bien con los abuelos de mi hijo.

Para mí, es fundamental que mi hijo, el día de mañana, pueda tener el apoyo incondicional de sus abuelos (de su familia en general, pero en éste caso, hablo de los abuelos). En mi caso, no lo he tenido. Pero, no por que no haya querido o mis abuelos no hayan querido, por la sencilla razón, de que a mis abuelos maternos no los conocí (mi abuelo materno murió cuando yo tenía apenas unos meses, y a mi abuela materna no la conocí. De hecho, ni siquiera mi madre la conoció nunca, murió cuando mi madre era aún pequeña) y, en el caso de mis abuelos paternos, mi abuelo falleció hará unos 10 años más o menos, y mi abuela hará unos 5, y vivíamos a unos cuantos km de distancia, no muchos en unas 4 horas, podíamos ir al pueblo, pero el trabajo, colegio, y la economía, tan sólo nos permitía vernos una vez al año, en verano.

He de reconocer, que el trato con mis abuelos paternos, que son los que he conocido, ha sido muy “de paso”, quiero decir, que sí, cuando iba al pueblo y los veía me alegraba, pero los veía como lejanos, no tenía confianza con ellos, los llamaba de usted, y le daba un beso de bienvenida y otro de despedida. ¡Qué diferente al trato que ahora veo de los abuelos hacia los nietos, pero mucho más diferente, el de los nietos a los abuelos!.

Ahora, se les trata de tú a tú. Hay un respeto mutuo, pero no el respeto hacia una generación a la debemos nuestra herencia genética, nuestros apellidos, nuestra historia…gracias a ellos, tenemos un pasado…y sin embargo, sólo ven en ellos a esos “viejos” que van a recogerlos al colegio y les dan la merienda hasta que mamá o papá van a recogernos. Pocos niños, ven en sus abuelos a esos mayores con los que pueden aprender, quizá no matemáticas o lenguaje, pero sí historia, su historia. Conocer cómo era su vida de pequeños, cómo crecieron, con qué jugaban, qué aprendían en la escuela, cuál era la moneda en aquella época, las películas, cómo se conocieron la abuela y el abuelo, etc. éstas historias, no te las cuentan en el colegio, no las aprendes en los libros. Éstas historias vienen del corazón de unos abuelos, que si no se lo pides, no cuentan nada, porque nada es lo que se les pides.

La culpa de que se pierda la historia de una familia, de que se pierda el respeto a los mayores, la tenemos ni más ni menos que los padres. Los hijos, aprenden de nosotros, y ven un reflejo de lo que a ellos les gustaría ser o no de mayores. Si el reflejo que les mostramos es de indiferencia hacia sus abuelos, indiferencia verán, si les mostramos el reflejo de unos mayores de los que pueden llegar a aprender grandes valores, los aprenderán.

No todos los abuelos se merecen el cariño de sus nietos, y en éste punto, cada cuál debe saber qué quiere inculcar a sus hijos, pero, lo que está claro, es que los valores que unos abuelos que han vivido la guerra y la postguerra, que han vivido sin luz ni agua, sin cocina, sin aseo, sin conocer lo que era una televisión, es increíble, como ahora, han pasado a convivir con la era electrónica como si de toda la vida la conocieran.

Los abuelos ¿nos ayudan en la crianza de los hijos?, éste es otro debate.