Ayer, estrenaron en televisión una serie española sobre nuestra historia pasada “Isabel”, se titula. Hago referencia a esta serie, porque en aquella época era muy importante que el primer descendiente fuera varón, para asegurar el reinado.

 

Si el primer bebé que traían al mundo, siendo reina, era una niña, casi eras repudiada por tu marido. No se traían bebés por cariño o formar una familia, sino por asegurarse un reino largo y duradero.

 

Qué bien hubiesen venido los llamados ahora “bebés a la carta”.

Seguro, los reyes solicitarían un bebé sano (por supuesto), fuerte, ojos azules o verdes, rubio, pelo ondulado, nariz pequeña…es decir, ¡un bebé perfecto!.

 

Precisamente, cuando saltó por el año 2009 la noticia en España, se formó un buen alboroto. En Estados Unidos, abrían la primera clínica de fertilidad que ofrecía la opción de elegir embriones libres de, no sólo genes asociados a determinadas enfermedades, sino también, con los rasgos estéticos preferidos por los progenitores.

 

El llamado diagnóstico genético preimplantacional, trata de analizar una célula de cada embrión para detectar determinadas patologías de origen genético e implantan el el útero de la madre sólo los embriones sanos. Pero, igualmente, permite descubrir qué embriones desarrollarán rasgos genéticos como pelo rubio u ojos verdes.

 

En nuestro país, la ley 14/2006 de Reproducción Asistida, regula con más detalle ésta cuestión en su artículo 12: el diagnóstico preimplantacional, sólo será legal para enfermedades graves, y con una alta tasa de mortalidad por falta de tratamientos.

 

De hecho, a finales del 2011, la citada clínica, se retractó y dejó claro, que tan sólo utilizarían dicho diagnóstico, para casos realmente graves.

 

En España, de hecho, una mujer dio a luz un bebé genéticamente analizado, pero para salvar a su hermano enfermo.

 

La polémica estaba servida, se hablaba de los nazis y el genocidio; de embriones desechados, y almacenados esperando que alguna ley dictamine si es legal destruirlos o no; se discutía la ética de hacer desaparecer a los minusválidos haciendo prevalecer sólo los embriones sanos; etc.

 

El debate final, todavía no está claro. De momento, sea moralmente ético o no, lo que está claro es que, al fin y al cabo, se trata de ciencia. Se estudian los embriones para detectar posibles anomalías, eso está claro, y se descartan los que no son digamos “perfectos”…la pregunta sería ¿estamos asesinando posibles fetos?…que cada cual, piense lo que quiera, como siempre, la ciencia es un universo que jamás tendrá fin.