Pues ya está. El viernes 14 de enero 2022, el pequeño ya fue vacunado.
Se vacunaban desde tercero de primaria hasta infantil cinco años. Podía ir un adulto de acompañante, así que, aunque con el mayor no fui, porque pensé que ya era mayor y si él iba tranquilo no había motivo de acompañamiento…con el peque, sí me quedé. De hecho nos quedamos 12 padres, que pensé, «es normal, pues trabajarán o no podrán por motivos personales», pero no. Resulta que éramos 12 padres, para 12 alumnos. Según mi hijo, en clase además, sólo se quedaron dos alumnos sin ir a vacunar. El resto ¿?. Son 22 alumnos en total, así que, casi la mitad de la clase, se abstuvo de vacunación.
No imaginaba que iban a ser tantos, pero es respetable. De hecho, a éstas alturas de la pandemia, sinceramente, ya me da igual si a mi alrededor se vacunan o no, lo único que pido es, que si nos infectamos, al menos, gracias a la vacuna, sea más leve.
A mis hijos, la vacuna, no le ha dado reacción alguna. Ni tan siquiera ese dolor de brazo que al menos, todos hemos sufrido. Ni una molestia ni décima de fiebre, ni nada.
El pequeño además, súper tranquilo. Fue el primero de la clase (por apellido), y se sentó, la enfermera le dijo «mira al frente», y en menos de un segundo, vacunado. Luego, se puso a esperar a sus compañeros mirando cómo se vacunaban: unos lloraban, otros se querían ir, los otros sentados sobre sus madres…Mi hijo, en sus silla esperando. Luego, ya empezó a correr y saltar. Ni un lloro, ni lágrima. Es un campeón. Cómo por supuesto, muchísimos otros pequeños y mayores vacunados.
La espera en la calle, mientras nos llamaban por cursos, fue…muy fría. A pesar de estar hablando y en compañía de otras madres, nos quedamos heladas. Aquella mañana, encima nublada y sin sol. En fin, estuve hablando con algunas mamás. Y por lo menos, el tiempo pasó algo más rápido. Allí, me enteré, que una mamá, no es tan seria cómo me parecía. Puede ser que tímida, y por eso, no mira a los ojos, o no me saluda, fuera de conversaciones en corrillo, quizá por «obligación». Es incluso graciosa, y me enteré, que está estudiando para opositar a técnico de farmacia para el hospital. Otra mamá, trabaja en el banco, pero al parecer frustradamente, pues quiere ser profesora, sólo que no salen las oposiciones para ello. Otra, cuida de tres pequeños de 7, 6 y 3 años. Otra mamá, madre de una niña terremoto…trabaja en un supermercado. Allí estábamos hablando, y entre conversación y conversación, los dem´ás padres de otros cursos, iban entrando y saliendo. Eran las 12.15 cuándo entramos por fin, desde las 9 de la mañana. No me sentía los pies ni las manos, pero bueno, había pasado una mañana agradable en compañía de madres, que posiblemente, hoy lunes, cuándo me cruce con ellas en la puerta del colegio, ni me miren.
Ya no lo tengo en cuenta, pues pienso, que no tienen porqué saludar, pues sólo me conocen de un rato, o de algún cumpleaños, y, a través de otras madres que sí son sus amigas.
La verdad, es que no he querido entrar en más detalles de la vacunación. Sólo quería apuntar que, han sido poquitos los vacunados, pero, tampoco sé, en las demás clases cuántos habrán sido. El caso es, que mis hijos, y la mayoría que yo sé, están perfectos. He conocido un caso, de un amigo de mi hijo, que bueno, sí tuvo un colapso, que le dicen, «un desmayo». Al cabo de casi ya, media hora, en clase, sufrió un desmayo, pero fue tan brusco, que al caerse hacia delante, el desplome, le causó daños en la mandíbula. Estuvo eso sí, en reposo y observación durante dos tres días, porque el pobrecito estaba aturdido. Le han tenido que reconstruir algún diente, y muelas. Suele ocurrir uno de cada 10 vacunados, pero puede ocurrir.
Así pues, aunque tengamos el temor de los efectos adversos, hay que intentar pensar, que vacunarnos supone un menor riesgo de contagio, o de un contagio más leve. No soy quién para recomendar nada a nadie, pero pongo un pequeño ejemplo con mis hijos, para demostrar que son más las mejoras que los posibles riesgos tras la vacunación.

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