Estamos acabando el año, y todavía hay días que a mi pequeño le cuesta ir al colegio.
-Hoy ¿hay colegio mamá? (pero me lo pregunta cada día por la tarde-noche, con lo cuál se refiere a si hay colegio al día siguiente, es decir ¿mañana hay colegio mamá?).
Luego dice…noooo, al colegio nooo.
Luego lo pasa bien con sus amigos. Dice que juega con los de 4 años. Bueno, con los niños de la clase de 4-5 años. Me dice su profesora que no para quieto en el patio, pero que en clase, es participativo, muy atento, y que hace caso de lo que le dice en todo momento.
Lo que he de resaltar de éste mes, es que durante las vacaciones de Navidad, se ha viciado muy mucho a las consolas. Ya no es su hermano el que pregunta si puede jugar. Ahora es él, el que si le digo que no hay colegio, «entonces, ¿podemos jugar en la tele grande?». La tele grande para él, es la televisión normal, pero conectándose con la consola. En fin, su especial vocabulario.
No he hablado en todo éste tiempo del sueño. Sigue durmiendo su siesta de al menos 30 minutos, y duerme mejor por la noche. Ya no se despierta sí o sí, cada noche, sino que ahora es pues, porque quiere o se le ha escapado el pipí, porque le duele algo, o simplemente se desvela por algún sueño o ruido.
Por las mañanas si que es verdad, que no hay manera de que duerma más de las 7.30. No espera a que les llame a las 8.
Anécdota del mes. ¡Otra herida!, ésta vez en el ojo izquierdo. Estábamos esperando a su hermano que saliese de natación, normalmente esperamos jugando a la pelota, o nos inventamos algún juego. Ésta vez, jugábamos a que yo decía un número, y él bajaba o subía ese número de escalones. Pues de pronto, no sé cómo, subiendo tropezó, y cayó hacia delante, con tan mala suerte de darse con el bordillo en la ceja. Por suerte, no se hizo más que una brecha, no profunda, no hubo que llevarle al centro de salud, ni darle puntos. Llegamos a casa, le curamos bien, le pusimos puntos de unión que ya teníamos de la anterior brecha, y al día siguiente…Hinchado, pero mejor.
Se le hinchó el párpado, y tenía amoratada la zona del ojo. También tenía pequeños rasguños alrededor de la nariz. El caso es, que lo llevé al colegio, para sorpresa de su profesora, que no esperaba otra brecha más. Me dijo que lo veía con mala cara, pero decidí dejarle en clase. A la salida del colegio, estaba perfectamente. Por suerte, sólo fue un susto.

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