Sí, lo he vuelto a hacer. He gritado a mi hijo mayor de 8 años, porque ayer teníamos que ir cómo cada lunes y miércoles a la piscina, a natación, y por alguna razón (pereza, ñoñería, …estábamos jugando al escondite y le corté el «rollo») su respuesta a: «venga, ponte las zapatillas que nos tenemos que ir», fue: «noooo», y tirarse por el suelo, gritar, meterse en la habitación…y «marear» la perdiz.

Su padre le decía, «ponte las zapatillas o habrá castigo, acuérdate lo que te dije, que ya basta con las negaciones y no hacer caso a lo que te decimos». Pues nada. Él seguía tirado en la cama de la habitación, las zapatillas por el suelo, y quedaban 15′ para empezar la clase. No dije nada hasta que…me sobrevino de pronto el «ogro» que llevo dentro. Cómo una «loca», tiré la mochila que llevaba colgada, me quité la chaqueta, y entré en la habitación

-«¡¡¡ya está bien!!!» – le grité- levanta ahora mismo, 1, 2, 3… ponte las zapatillas- le cogí del brazo y le empujé a hacerlo.

Claro está, empezó a llorar y a gritar: » ¡es que has contado muy rápido!!».

Llorando se puso las zapatillas, la chaqueta, y salió zumbando por la puerta. – Que no te oiga llorar. En cuánto cruces la puerta te quiero calmado y callado.

Ví cómo tragaba saliba. Y, a todo ésto, su hermano pequeño venga a llorar.

-¿ tú, por qué lloras?- le dije- Porque está llorando. – Y me señalaba a su hermano.

Menudo show montamos en menos de 15′. Su padre, mirando eso sí, desde el tendido, y diciéndome «calma, calma».

Leo cantidad de artículos acerca de los gritos a los niños. Dicen que gritarles les acobarda, les produce en el cerebro una reacción de miedo, y les paraliza. Les vuelve violentos.

Es cierto, no digo que no. Y continuamente, pienso en ello, y me controlo. Pero, no me identifico totalmente con ser una madre autoritaria y gritona. No estoy continuamente gritando a mis hijos. Intento hablar con ellos. Pues sé que cuándo ellos gritan, son sus gritos en parte, una culpa mía por no saber parar a tiempo mis enfados. Por no saber afrontar una situación límite, dónde el tiempo o quizá la imposición a realizar algo que ellos se niegan, nos supera. Eso es lo que a mí me pasa. Me superan ciertas situaciones. Pero, lo de volverse violentos creo que pertenece a un tipo de familia que vive gritando, son aquellos padres que no han sabido afrontar una maternidad/ paternidad, ó que el trabajo y la familia, les han superado. Hablo de madres y padres, claro. Aunque al final, la madre acapara más la educación y labores familiares y de hogar, aceptémoslo.

Los gritos de ayer a mi hijo, no fueron acertados, lo reconozco. Pero, fue un acto de llamar su atención. De decirle. «Ya basta, reacciona, sólo es ir a un deporte que te gusta. Que es bueno para tí. Que no es nada malo. Que te vemos divertirte. Y finalmente, mi reacción fue, de » lo siento pero mando yo».

De hecho, nunca les grito por no comerse la comida, por no recoger los juguetes, por no hacerme caso a la primera, por no vestirse…

NO podemos permitir que se nos «suban a la espalda» cómo se suele decir, y nos acobarden. Mis gritos no son constantes. Son de alerta. Que no están bien, puede. Pero, no quiero sentirme mal, por el mero hecho de que de vez en cuándo, levante algo más la voz.

Me verán cómo a la peor madre del momento. Sé que luego, recapacitan y ven que los gritos no son porque no les quiera, o quiera fastidiarles. Tampoco son educativos. Claro que no. Pero, el que ahora no puedas tocar a tus hijos porque piensan que los estás «maltratando», ni realizar un llamamiento de atención en público, porque te puedan denunciar, es algo excesivo.

Quiero a mis hijos más que a mí misma. Quiero lo mejor para ellos por descontado. Intento concienciarme de que los gritos no son buenos. Pero, hay malas épocas, que se tienen que pasar de la mejor manera posible. No me excuso, sólo intento equilibrar la balanza de la educación de los niños. Una educación que pasa por tantas etapas, que en cada una hay que saber cómo afrontarlas.