Una familia de pueblo maravillosa.
Era la primera vez que mis hijos iban al pueblo dónde nació su Abuela paterna. 30 años después su padre también va por vez primera con sus hijos.
Han sido 4 días dónde hemos convivido con unas familias cercanas, que en todo momento nos han hecho sentir literalmente cómo en casa. A pesar del mal tiempo que ha hecho por la Comunidad Valenciana que no ha dejado disfrutar de éstos días de vacaciones. A nosotros, por el contrario, salvo el primer día, el resto ha sido de pequeñas lloviznas, que nos han dejado ver algunos parajes de la zona, y salir de tapas por el pueblo. Hemos respirado el aire del campo, y los nenes se han portado de maravilla.
El viaje de 4 horas, ha sido cansado. Me mareo si me siento detrás, sobre todo yendo en medio de las dos silletas, porque tengo que estar pendiente de tablets, 3ds, que no se mareen, que si están cansados…etc. Pero vaya, que los dos han estado a la altura de un viaje cansado. Paramos en Venta Quemada un restaurante famoso por sus bocadillos, pero vamos, que estaba a tope de gente, y para estar de pie, mejor esperar fuera y que nos diese el aire.
Llegamos a Humilladero a la hora de comer, estaba lloviendo. Así que, la primera parada fue ya, en el bar de una prima de mi marido. Allí, la rutina diaria de un fin de semana, es esa. Juntarse en los bares y tapear. Antes de irnos, era recelosa, pues sólo me habían hablado del tapeo y tapeo. Así que, me imaginaba encerrada todos los días, en los bares, y mis hijos aburridos cómo ostras. Pero, tenía que hacer de tripas corazón, porque mi marido, estaba muy ilusionado.
Al principio, mis hijos estaban tímidos. Pero, al día siguiente, conocimos a otros familiares, y conocieron a otros dos nenes, uno dos años mayor, y el otro sólo un año mayor. Salvo ratos en los que no congeniaban, porque éstos nenes están acostumbrados a estar a su aire, y entre ellos jugar, pues son primos directos, sí, encontraron ratos en los que jugaban y se divertían. Tuve que mediar un poco al principio, ya que mi hijo mayor, su timidez le impide acercarse primero, pero luego ya, mi hijo, sólo quería encontrarse con ellos. Mi pequeño, es más cercano. Aunque sigue a su hermano. Entonces, hay ocasiones en las que parece un satélite alrededor de los demás.
Los momentos en familia han sido divertidos. Son muy habladores, y nunca te dejan de lado, te incluyen en sus conversaciones, y están muy atentos.
Hemos ido a ver el pueblo de Iznajar, y su pantano, a unos 45 minutos de Humilladero. Muy bonito. El castillo no pudimos visitarlo ése día, pues estaba cortado el acceso debido creemos a un accidente. Aunque no pudimos saberlo a ciencia cierta. Nos juntamos unos 20, y luego fuimos a comer al Bar-Restaurante El lago. Qué bien comimos, y qué bien atendidos.

A la vuelta, visitamos un lago cercano a Humilladero, Laguna de Fuente de Piedra, dónde migran los pelícanos. Nos empezó a llover, así que, sólo pudimos hacer una pequeña ruta alrededor del lago.

Al día siguiente, Antequera, también a unos 40 minutos de distancia. Me tocó llevar al pequeño en brazos todo el tiempo. Estaba cansado, y no quería caminar, y por si fuese poco, las calles allí, son todas empinadas. No es un pueblo muy grande. Tiene un castillo, pero no pudimos subir, porque estaba demasiado en cuesta. Vimos las calles, y volvimos al pueblo. Nos quedó mucho por ver, los Dolmenes, paraje natural El Torcal. Pero, lo tuvimos que dejar para otro viaje, pues no teníamos tiempo.
También estuvimos en un área forestal. Un familiar, trabajaba de monitor de niños en el camping de Humilladero, y nos quiso enseñar un mirador. Así que, preparó una pequeña ruta que nos llevó a ver el pueblo desde lo alto. Luego nos quedamos un rato jugando a la pelota con los otros nenes, y fue entretenido.
Por cierto, el alojamiento fue en casa de un familiar de una tía de mi marido, que fue con la que fuimos al pueblo. Os explico. La familia del pueblo Humilladero, son primos y primas de mi suegra. Nos son primos directos de mi marido. Por esa razón, se vino la tía de mi marido, porque son sus primos.
El resto de días, comer y cenar en familia. Conocernos algo mejor. Y dejarnos un «sabor de boca» muy agradable, que nos ha hecho replantearnos volver y seguir disfrutando de un clan familiar tan encantador.

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