Hoy mi pequeño cumple 10 meses. Está grande y es un revoltijo de niño, como le digo cariñosamente.
Es un trastillo, lo toca todo, lo investiga todo, me persigue a donde quiera que voy. Me agarra de las piernas y agarrándose intenta trepar cual mono se tratase. Cuando estamos jugando en la alfombra, y veo que está entretenido, me levanto sigilosamente y me marcho a la cocina ó al baño, intento que no note mi ausencia, pero, cuando se percata de que ya no estoy ni a su lado ni en la misma habitación, se pone a lloriquear, y viene corriendo allá donde cree que estoy, o me ha visto.
Ahora, tiene «mamitis» como dice mi pareja.
Quizá sea verdad. A veces me como la cabeza pensando que, creerán que es un niño mimado por su madre, pues nada más quiere estar conmigo. Pero, nada de eso. Estoy educando a mi hijo, conforme a mis valores y los de mi pareja. De momento, estamos de acuerdo en casi todo.
Lo que ocurre es, que estamos juntos mucho tiempo, que yo le acuno si llora, le doy de comer, le riño se lo creo necesario, paseamos todas las mañanas, juego, y le enseño a jugar, le hago reir, y lo duermo cuando se desvela a media noche. Si a ésto se le puede llamar «mamitis» o que está mimado, no voy a juzgar a nadie, pero para mí, es simplemente, el vínculo más bonito que pueda existir, el de una madre con su hijo.
¿Os podéis hacer una idea de lo feliz que me siento pudiendo criar a mi hijo, y al mismo tiempo trabajar, ayudando a mi pareja en la labor de traer dinero a casa?…
No aguanto, cuando me dicen «es que sólo quiere estar contigo, llora cuando se aleja de ti»…¿Y?.
¿Que siento a veces agobio?, quizá…sí. Pero, me lo provocan muchas veces éstos comentarios que no vienen a cuento.
Prefiero que mi hijo confíe en mí y en su padre. Que se siento protegido cuando estamos cerca de él, a que se desvincule de nosotros, y no sienta el cariño que le damos.
He elegido la opción de media jornada en mi trabajo y poder cuidar a mi hijo, precisamente porque tenía miedo que, al volver del trabajo, mi hijo no me sonriera como lo hace ahora, corriera detrás mía gateando porque me ha hechado de menos, y perderme su sonrisa cada mañana.
No voy a dejar que los comentarios de los demás acerca de sí mi hijo sólo quiere ir conmigo, y si no llora, me afecten.
El día que, mi hijo decida ser independiente, lloraré recordando cuando me necesitaba cerca.
De hecho, yo no hago nada. Simplemente, se siente seguro con su padre y conmigo cuando nos tiene cerca. Puede estar jugando con otro familiar, pero nos necesita cerca.
Por hacer un «favor» a la familia, muchas veces, me retiro y lo dejo solo. Intento que no tenga «miedo» a quedarse sólo con un para él «desconocido». Y sinceramente, no tengo porque hacerlo.
En definitiva, me siento feliz de que mi hijo me quiera, de que nos quiera a su padre y a mi, de que le demos esta protección que necesita para sentirse seguro.
Ya tendrá tiempo la familia de sentirse querida, reconocida y será en ése momento, cuando más feliz me sienta, porque mi hijo, habrá crecido.
No se han encontrado comentarios