Esta noche, le ha tocado llorar a mi hijo. Hemos hecho de tripa-corazón, y le hemos dejado llorar siguiendo las indicaciones del tan famoso libro del Dr.Stivill «Duérmete niño«.

Es increíble lo duro que es. Se quedó dormido con el bibe, pero a los 45′, se despertó y, dijo que quería «fiesta». Así que, de forma consensuada, hemos decidió dejarle llorar. Antes, intenté dormirle. Le cogí en brazos, le mecí, y acurruqué, pero estaba inquieto. Pataleaba y con sus manitas me empujaba en el pecho, no quería dormir. Lloraba con rabia.

Por lo que tras intentarlo, le dejamos en la cuna, y …ahí, empezó todo.

No paró de llorar durante más de una hora. ¡Qué lástima!.

En el libro dice que se entre de forma escalonada. Es decir, primero cada minuto, cada dos, cada tres, así, ir prolongando la entrada para consolar el bebé.

En verdad, lo hicimos de forma diferente. Lo dejamos llorar sin más. ¡Qué crueles parecemos!…pero no es tal y como os pensáis.

Seguro que alguna vez, también lo habréis hecho. Nosotros no pensábamos hacerlo. Hasta ahora, lo dormía en brazos. Paseaba por la habitación. A oscuras, para que diferenciara que era de noche y la tranquilidad. Me costaba mucho. Y al final, entre canción y paseo, se dormía.

Este día, un compañero de trabajo, me contó, que su mujer y él, decidieron dejar a su hija (de 8 meses) llorar. Les había dado mala noche, y era un poco llorona. Así que, dice la metieron en su cuna en la habitación. Solita, y la dejaron llorar. No fueron a verla ni una sola vez. Y al cabo de 45′ minutos, dice entraron porque no lloraba, y estaba durmiendo, aunque sollozando y suspirando. Dice, que a partir de aquí, se dormía ella sóla.

Por esto, lo intenté.

Esta noche, no ha funcionado.