Aquí estoy, intentando ver si algún puesto de trabajo se asemeja a mi situación actual/formativa, que es: desempleada desde hace 5 años (el nacimiento de mi segundo hijo), sin cursos formativos desde hace al menos 10 años (fecha en la que comencé a trabajar en la última empresa que estuve, hasta hace 5 años), con titulación académica Turismo (que no he utilizado más que unos 12 meses), y con eso sí, mucha experiencia en cambio de pañales, mantener el orden en la casa, limpieza y ordenación, transporte escolar, y mucha mucha paciencia.

Vamos, que podría resumir mi situación actual cómo «ni chicha ni limoná».

Todo empieza, porque mi marido me acaba de enviar hace unas horas, una oferta laboral de una empresa en la que él estuvo trabajando el año pasado. Una buena empresa. Él es programador, y el puesto es de Administrativo. Según pone, teletrabajo, jornada completa.

Vale. No tengo formación de Administrativo. Ni idea de gestión de documentos, ni reglamentos relacionados con tal rama. Jornada completa. No lo veo, con dos niños pequeños de 10 y 5 años. Sí, está el comedor, sin problema, pero luego está las extraescolares, y la vuelta a casa. Llevo atendiendo a mis hijos, sin descanso desde que nacieron. Accedí a trabajar jornada de tarde, y sábados por la mañana en mi última empresa porque así podíamos entre mi marido y yo, cuidarles.

Lo sé, no sería la primera ni la última madre que tiene que anteponer el trabajo a la vida familiar. Pero, en mi caso, y doy gracias, no lo necesitamos urgentemente.

Mi vida laboral, ahora vida familiar, se basa en cuidar de mi familia. Quiero trabajar, porque siempre lo he hecho hasta mi despido hace 5 años. Nunca he estado en paro, y siempre he intentado demostrar que aprendo rápido. Ahora, el querer trabajar, es porque veo que al ir creciendo mis hijos, llegará un día, en que no me necesiten tanto cómo ahora, y me preguntaré si, no debería haberme esforzado más en darles una vida mejor. Que no es, que no la tengan, no les falta absolutamente de nada, gracias a mi marido, para él, somos lo primero.

Y, ahí está el quid’ de la cuestión … Mi Marido.

Por cierto, un inciso por si no lo sabíais, ya que ésta frase la solemos pronunciar, y no sabemos muy bien el significado y cómo se escribía… «Quid es una palabra latina que significa, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, «esencia o punto clave». Y añade el siguiente ejemplo: Apeló al problema económico, el auténtico ‘quid’ de la cuestión».

…. Prosigo pues…

Él nunca me dice que debo o no debo hacer. Me aconseja eso sí, y se lo agradezco. Pero, nunca me dice «trabaja», porque él piensa que mi labor de cuidar a la familia y la casa, es prioridad ahora mismo. Pero, a veces, le «mareo» con «tu dinero, tu casa, sólo tú aportas dinero, etc». Me resulta hasta «vergonzoso» el hecho de gastarme dinero, en por ejemplo Yo. Pero, jamás me ha dicho nada. Nunca.

Entonces cuándo ve, alguna oferta me anima. O algún curso de programación «es el futuro», me dice. Pero, yo sé mis posibilidades. Sé hasta dónde puedo llegar con casi 44 años que cumplo en abril. Y mis posibilidades se agrupan en: estudiar oposiciones (he estado preparando las de correos y me presenté en septiembre del 2021, el año pasado), empresas de limpieza, o realizar cursos de formación, para ver si algún trabajo dónde no exijan idiomas o niveles avanzados de informática, me pudiesen escoger…entre la multitud de universitarios y estudiantes de FP, que salen cada año.

Así pues, así estoy. Un año más. Intentando que mi vida no sea más caótica. Viendo si los comentarios ajenos de «deberías trabajar para cotizar», no me hacen sonrojar, pensando lo que podía hacer, y no estoy haciendo.

Es bien cierto, que a mi alrededor, hay muchas mamás, que cómo yo, se dedican a cuidar de los niños. Pero, otra gran mayoría a mi alrededor, trabaja y mucho.

No sé qué voy a hacer. De momento, me gustaría seguir estudiando. Una formación que aunque no llegue a buen término, ni me ayude laboralmente, al menos me haga sentir bien conmigo misma, porque al final, el bienestar personal, es importante a una determinada edad, en la que ves cómo tus hijos crecen, tu marido avanza, y tú, te has quedado sentada esperando una oportunidad que nunca llega.