El trastorno de personalidad antisocial, a veces llamado sociopatía, es un trastorno mental en el cual una persona no demuestra discernimiento entre bien y mal e ignora los derechos y sentimientos de los demás.
Eso dice mi marido que soy. Luego ríe, a modo de «no, si es broma», pero lo piensa. Eso y que soy «cuadriculada, a la que no se le pueden cambiar los planes, y un poco chillona». Vamos, que lo tengo todo!!!.
En fin, sea como fuere. La definición dada más arriba, no concuerda en absoluto con el término que al parecer me define mi marido. No me considero tan antisocial cómo me dice que soy. Él lo dice, porque a veces, las reuniones familiares, o de amigos, pues cómo que no. Que no, apetecen. ¿Eso quiere decir, que no soy social?. Por el hecho de que algún día, quiera estar sóla con mis hijos y mi marido. Me apetezca salir a pasear o simplemente jugar con ellos, leer o ver alguna película??. Porque él habla con todo el mundo, siempre ha estado rodeado de tíos y primos, y siempre tiene buena conversación y es bromista. Vamos, que sabe estar rodeado de gente, y no le importa. Eso sí, al mismo tiempo, le encanta tener su espacio.
Dice que también, lo soy porque en ocasiones, pues no me apetece cruzarme con vecinos, o apenas les hablo. Me pasa igual, cuándo voy a comprar y tengo que preguntar el precio de algo, carne o pescado, siempre lo compro ya envasado, nunca al corte, porque me «pierdo» en eso de precio/kg. Lo mismo, si vamos al McDonald o algún restaurante, siempre pide mi marido. El tema bancos, lo lleva él, porque a mí me llaman, y «quita, quita», al igual que con la contratación de internet. Bueno, él es informático, sabrá más que yo, al menos algo más, no???. No me infravaloro, simplemente «paso la pelota».
Luego, viene la familia, los amigos, me cruzo con vecinos, e intento ser lo más amable y cercana posible. Evito conflictos, aunque es verdad que a veces me falta el «contar hasta diez» y no estallar.
Debemos reunirnos para que también nuestra cordura siga adelante. Es importante el saber de los demás. Mi problema es la inseguridad. Me da todavía algo de miedo, las reuniones en grupos, dónde apenas conozco a nadie. Inclusive conociéndoles, sé que no llegaré a la altura de la conversación, porque apenas sé más que las noticias que leo, y son pocas, o alguna anécdota ocasional. Esos grupos, en los que apenas conoces a las personas, y debes entablar conversación, son mi punto débil. Lo siguen siendo. Aunque es cierto, que ahora, menos, debido a que, mis reuniones son con mi familia y amigos. Poco más.
Me cruzo con algún vecino, y a parte del tiempo o el famoso virus… poco más. Unos cinco minutos máximo de conversación. Si es con mamás del colegio, bueno, ahí ya… el tiempo, alguna anécdota semanal, hablar del profesorado o los nenes, y ya. Relacionado con ésto, están las celebraciones de cumpleaños. Ahí, lo paso regular. Pero, por mi peque lo que sea. Bastante que lleva dos años, sin celebrar ni asistir a ningún cumpleaños de amigos, cómo para anteponer mis miedos a su felicidad. No, eso ya no.
Y mira, viniendo a casa en el coche tras dejarles en el colegio. Una tertulia de la radio precisamente hablaban de las «conversaciones». Decían unos, que cruzarse con los vecinos no les gustaba, uno decía que bastante que llegaba a su casa a las 21, cómo para ponerse a charlar, porque lo que deseaba era llegar a su casa y ver a la familia. Otros decían ,que odiaban cuándo en un viaje, otros viajeros, les intentaban dar conversación. Que para evitarlo se ponían a escribir, ver la tablet, leer, o simplemente disculparse admitiendo no querer conversar.
Totalmente respetable en mi opinión. Tampoco me gusta que me den conversación, en el médico, en la cola de un supermercado, en un parque, etc, si son personas que no voy a volver a ver más. O que me dan conversación por el mero hecho de encontrarse sólas. O porque hablan, «hacia afuera», es decir, expresan sus pensamientos, y los que están alrededor debemos escucharlos, sonreir o asentir. Y, si algun@ «cae» en la fatalidad decisión de responder… ahí, ahí, está la conversación servida, no queriendo que ocurra: «faltal error»….
Me ha pasado tantas veces eso. No querer conversar, y ahí está, la persona de turno que lo intenta. Y, al final, por educación, caes y respondes. Y, ¿si la vuelves a ver?… ¿qué haces, debes saludar, te haces la «loca», intentas esquivar la conversación si la vuelve a iniciar?… he quedado tantas veces cómo antipática por éste motivo. Me han iniciado conversación, y luego, me han ignorado. Y luego, he querido yo, ser la que ignora, y he quedado cómo una persona «non grata». Para volverse locos.
Pues ahí queda dicho, no soy antisocial. Soy tímida y educada a la vez. Me gusta hablar con quién yo decido, y encontrarme a gusto en dicha conversación. Si quiero conversar, lo haré con amigos y familiares. Y si decido conocer a otras personas, lo haré en el momento y lugar que yo decida. Si mostramos empatía, es cierto, que las otras personas no pensarán igual. Ellas se considerarán tan sociables, que no entienden nuestro comportamiento. Pero, los «antisociales» somos selectos, respetuosos, y cuándo se nos conoce, graciosos y muy divertidos.
Intento ver el otro punto de vista, el de la persona que quiere entablar conversación, y por ese motivo, cuándo la distingo, mantengo distancia, y si es posible, me marcho para evitar dejarle un mal recuerdo del momento en cuestión.

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