Hoy mi pequeños ha cumplido 4 años. Es el primer año que decidimos celebrarlo en un parque de bolas.

He aquí, dónde han surgido mis quebraderos de cabeza. Desde hace un mes, empezamos a organizar el cumpleaños. Mi marido decía de reunir a toda la familia, y pensamos en un local acondicionado con mesas y juegos para niños. Allí, podríamos reunir a su familia y a la mía, además de unos papás del colegio cuyos hijos son amigos de mi hijo mayor, pero a su vez, también de mi pequeño….No estuve de acuerdo al principio. Es verdad, que para mí, reunir a las dos familias, me supone un verdadero suplicio. Creo que no son compatibles, no congenian y eso me hace dudar siempre en reunirlos en un mismo acontecimiento, sea cual sea. En éste caso, el cumpleaños, pensé «total mi hijo se va a pasar jugando la tarde entera, no van a poder estar junto a él, lo verán durante la tarta, y los regalos». Pero, es cierto que hubiese sido más multitudinario de lo que ha sido.

Debería haber pensado en mi hijo. Se trata de su día, y por qué no, ver a la familia a su alrededor, debería haber sido motivo de disfrute para mí. Sin embargo, yo hubiese preferido juntar a sus amigos del colegio. Los amigos de su hermano, tampoco entraban en mis planes, pues vería que comprometía a los padres.

El hecho de reunir a la familia en un local, al final acabó por convencerme. Pero después de llamar a un par de ellos, el gasto era muy superior al que teníamos de presupuesto, y además estaban ocupados ya. Así que, mi marido ya cansado de escucharme repetir que sólo los primos, accedió a celebrarlo en un parque de bolas.

Durante casi tres semanas, estuve intentando indagar sobre los amigos de mi peque en el colegio. Pero, su respuesta era «no sé cómo se llaman», «mis amigos son los de cuatro años»…en fin, que el primer año de colegio, es una locura, lo mismo juegan con unos que al mes con otros, así que, me convencí de que invitaríamos a sus tres primas, y junto a su hermano y él, pues serían 5 niños. Estaba convencida. Ya, no le dí más vueltas…Hasta una semana antes…

El martes fui a casa de mis padres a comer. Y, hablando del cumpleaños, mi madre insistió en comer en su casa (mis dos sobrinos competían en diferentes disciplinas, y era mucho más cómodo para todos, según su opinión), mi plan, era otro. Quería invitarles a comer a casa, y luego a las 17 pues ya nosotros nos iríamos al parque de bolas. Pues no. Finalmente, accedía a comer en su casa. Mis sobrinos de 14 años, mi hermana, en un parque de bolas, menudo aburrimiento. Apenas hubiesen visto a mi hijo, 30 minutos de las casi 3 horas que estuvimos allí. Por esa parte, vale, comemos en casa de mi madre. Todos estarán cansados.

Así que, aquel martes, me convencía de comer en mi casa. Pero, mi madre me pondría en otro quebradero de cabeza, que ya había olvidado. «¿Por qué no has invitado a los amiguitos del parque?»…¡Madre mía!…lo había olvidado ya, ¿por qué me lo hace recordar nuevamente?…Bueno, pues cuándo volví a casa, lo hablé con mi marido. Me dijo que ya iba a ser demasiado tarde, 3 días antes de la celebración…él, ya me lo había propuesto, y le dije reiteradas veces que no. Ahora voy, y dudo…Mal por mi parte, debía haber escuchado más a mi pareja, y menos a mi madre, en éste caso, claro. El caso es, que enviamos un mensaje al grupo de amigos, pero al día siguiente, respondieron que no podían, pues tenían compromisos. Me dio pena, pero era normal.

La cosa se complicó.

Ésta mañana, se han levantado mis dos hijos a la misma hora, las 8h. Y bueno, había adornado el comedor con algunas banderitas, y fotos de motos, que a mi peque le gustan. Pero, no lo hice bien. Tenía preparados globos con fotos de motos para adornar, había comprado una moto de corcho y la había pintando, había comprado globos alargados para hacer una moto grande…quería haberle hecho la tarta…Pero, al celebrarlo en casa de mis padres, todo se torció. Empecé a pensar que para qué tanto adorno.

Luego, me he marchado durante un para de horas para ver a mi sobrina competir. Me he sentido extraña, abandonando a mi hijo en su cumpleaños. Cuándo volví, me encontré otra noticia. Resulta que una de las primas, no iba a venir porque estaba con gastroenteritis…¡el mismo día!!!. Me ha sentado fatal. De verdad, que luego he sentido culpabilidad, pobre niña, pero es que es un familiar que siempre pone alguna excusa en los cumpleaños, o si acude se marcha rápido…no sé, me ha resultado una falsa excusa…y fruto de éste mal pensamiento, he comenzado a cabrearme más y más hasta el punto de ponerme a chillar y llorar nerviosa. He querido cancelar el cumpleaños. Quería invitar a sus amigos, porque al final, ha acabado ésta semana por decirme los nombres «5 amigos» decía, y siempre los mismos. Imaginad, he sentido tanta rabia, que la he pagado con mi marido.

De hecho, ha intentado cancelar el cumpleaños, cambiar de fecha y así organizarlo mejor, pero perdíamos el dinero. Imposible en tiempo inferior a 48 horas. Y encima con un depósito de 50 euros ya entregado. En fin, que ha sido horrible. Luego encima ir a comer a mi casa. Teníamos los dos unas caras largas y amargadas. Ha sido triste la comida. Mi pequeño ha recibido dinero de su abuela, y un muñeco y ropa de su tía. Ha soplado las velas en una tarta de PEPA PIG, que le ha regalado su abuela, y Mamá, enfadada y triste.

A las 17h, nos hemos ido al parque de bolas, y claro, hasta las 18 no ha aparecido nadie…bueno, sus dos primas. Encima que yo estaba triste, mi cuñado venga con la coña de que éramos 4 gatos…claro, había dos cumpleaños más, y eran por lo menos 15 niños…El caso es, que con mi mejor sonrisa, he intentado olvidar mis neuras y disfrutar.

Mi pequeño se ha maquillado cómo spiderman, ha jugado hasta acabar cansado, se ha caído y llorado dos veces, ha merendado perrito caliente, ha soplado las velas de la tarta, ha recibido sus regalos, y todo con una sonrisa en su carita. «Mamá ya no soy pequeño, tengo 4 años. ¿soy mediano o grande?»…

«Eres enorme. Tan enorme cómo la felicidad que me haces sentir pequeño».

Al acostarlos sentí que les había nuevamente fallado. A ambos, pero sobretodo a mi cumpleañero. A mi hijo mayor, que se comportó extraordinariamente con su hermano, le dije «gracias por haber sido tan buen hermano mayor. Me has ayudado a que tu hermano hoy, se ría y se divierta. Mamá estaba algo triste, y tú has conseguido salvar el día más importante de tu hermano».

Me superan tanto las celebraciones multitudinarias. Es algo que no logro entender al contrario que otras personas que lo disfrutan, yo sufro. No veo más allá de un compromiso que quiero que pase rápido. Sin pensar, que no es «mi compromiso», es el compromiso de hacer feliz a otra persona. En éste caso mi hijo.