De vuelta a casa del colegio, mi hijo pequeño va en el carro, y mi hijo mayor y yo, aprovechamos para ir hablando. Siempre le pregunto, qué tal el día, qué tal en el recreo con sus amigos, y si tiene deberes. Luego él, en ocasiones me cuenta algo que le haya sucedido, o simplemente hablamos de otras cosas. Entre semana, normalmente tenemos dos días de extraescolar, natación. Y el resto martes y jueves, pues depende de la tarde, biblioteca, juegos en casa, vamos a comer a casa de la Abuela, tarde de cocina, ó pocas veces, al parque. Mi hijo mayor, sabe lo que hacemos cada día. Y si es martes, es el día que cómo mi marido trabaja todo el día, voy a comer a mi casa. Y mi hijo mayor, juega ese día a la consola. Y claro, éso le encanta. El jueves, cómo ya digo, depende. Ése día, me dijo: ¿hoy qué haremos?. – Pues tenemos que devolver libros a la biblioteca. Iremos allí, y de paso, cogeremos otros- Vale. Pero antes, podríamos jugar?. – También podrías jugar con tu hermano- le dije- . Aprovecha, que tenéis mucha suerte de teneros el uno al otro. Y encima, a tu hermano le gusta jugar contigo. Debes tener paciencia, y enseñarle juegos. – Ya – dijo- pero, es que él, no sabe hablar, ni inventar historias. Sólo dice «hola, hola». – Y ¿qué quieres?, tiene tres años, tú tampoco hablabas mucho ni tenías mucha conversación con los peluches a esa edad. – le contesté- ¿Porqué no preguntas a tus amigos a qué juegan en casa?- le dije- Diles si sus mamás juegan con ellos. – Sonrió para tus adentros y me dijo- No- ¿por qué?- le miré y sonreía, le hice cosquillas a modo de cercanía, y le contesté- ¿no te dará vergüenza decirles que juegas conmigo?- Sí- contestó sin vacilar.
Me pareció gracioso. Porque parece cómo nuestro pequeño secreto. Mi hijo no esconde que le encantan sus peluches. De hecho para su octavo cumpleaños, sigue pidiendo que le regalemos más peluches de personajes que aparecen en las sagas de Mario Bross. Quiere jugar conmigo, aunque yo, me siento un poco cansada, y no tengo tanta inventiva ya. Me gusta sentarme, iniciarles en el juego, y luego observarles. Pero, el juego de hablar, etc. últimamente, me cuesta bastante. Me estaré volviendo apática y aburrida, no sé. El caso es, que de momento, al menos un día a la semana, he decidido, jugar con él. Y el resto de días, realizar otro tipo de actividades con ellos que implique a ambos y se diviertan juntos.
El pequeño de mis hijos, no me demanda tanto para jugar. Si estamos todos juntos en la misma habitación, la verdad es, que suele entretenerse él sólo. Coge a sus muñecos, le gustan más, los playmobil, o los coches…y suele hablar con ellos. Tiene también imaginación. Y, aunque suele «copiarse» de los tipos de juegos de su hermano, ahora ya, tiene también su propia imaginación.
Es complicado intentar jugar cuándo a una no le quedan fuerzas mentales para realizarlo. Me siento triste porque veo que mi vida se pasa sin aprovecharla al máximo. Hay que jugar con los niños, también dejarles su espacio. Nunca he sido de las que se sentaba y miraba el televisor, y dejaba a los niños jugar sólos, o que cogiesen la tablet, o estuviesen viendo dibujos toda la tarde. Descubrí que la única manera de que desconectaran, era interfiriendo entre la tecnología y ellos. Me ha ido bien. Pero reconozco que he llegado cómo al límite de mis fuerzas.
De todas formas, voy a seguir jugando con ellos. Intentando que descubran su imaginación, y hasta dónde pueden llegar. Dentro de unos años, no me necesitarán, y entonces ya me sentaré a leer o ver la televisión.

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