Con la carta que su tutora me entregó en la última reunión antes de finalizar el curso, decidí nuevamente ir a su médico de cabecera y entregársela. Era la segunda vez, y decidí ir sóla. La leyó detenidamente, y por fin, me dio cita con la psicóloga del centro.

Se trataba de una primera toma de contacto con el paciente (mi hijo) y sus padres. En éste caso yo.

Acudimos a las 9.30. Nos recibió en la biblioteca del centro de salud de mi barrio. No es un dato importante, pero es por destacar, que ésta psicóloga se desplaza expresamente ciertos días a la semana, para tratar determinados casos derivados de los médicos de cabecera. Luego ya, una vez pasada la primera toma de contacto, evalúa un seguimiento o no del paciente.

En nuestro caso. Le hizo una serie de preguntas basadas en la carta que su tutora me había redactado en base a su comportamiento en el colegio. Por supuesto, destacando su frustración, y correspondientes respuestas fuera en algunos casos de lugar. Le estuvo realizando preguntas un poco de todo. Y, mi hijo que no es tonto, pues en ocasiones respondía, de una manera totalmente diferente a cómo hubiese reaccionado en la vida real.

Tras 20 minutos, le dijo que ya podía levantarse, y le entregué unos juguetes. Iba también su hermano, pues es verano y no me quedaba otra que traerlo con nosotros. Ambos se pusieron a jugar, y no causaron el mayor ruido ni alboroto, algo que destacó la psicóloga cómo tres veces. Me dijo «la mayoría de mamás, optan por entregarles el teléfono móvil con juegos o dibujos, o incluso se traen la tablet. Tú me has sorprendido porque llevas sus juguetes. Y ellos, me han soprendido, porque están jugando sin causar mayor alboroto ni peleas entre ellos».

Me dijo que destacaba de él, su personalidad. Que era independiente en el sentido de que le gustaba ir a su «aire», pero al mismo tiempo nos necesitaba. El resumen fue: respetar su personalidad, intentar eliminar de forma tranquila sus manías, no acrecentarlas, hablar mucho con él, e intentar hacer actividades sólos, sin su hermano, sin mí…de la que dice está demasiado dependiente. Me comentó que no debería jugar con él a los peluches, por lo que tanto me demanda. Me dijo: «piensa en si sus amigos le dicen yo juego a la consola, y tú?…» ¿a los peluches?…No sé, no estoy muy de acuerdo, porque mi hijo también juega a consolas.

Mi dijo también, que por su forma de ser, tan dependiente de su amigo, no iba nunca a ser líder, pero sí iba a encontrar ese grupo de amigos con los que compartir sus inquietudes. No va a ser de salir de marcha, y si se queda en casa, debo respertarlo.

Que debemos buscar actividades individuales, no grupales. Y, que es muy inteligente. Ésto lo sé.

Sin embargo, tras un mes de ésta reunión. Sigo intentando integrar su forma de ser a mi forma de ser. Mi hijo, es introvertido, le cuesta acercarse a los demás niños por iniciativa propia. Necesita mi empujón. Sea dónde sea. Al contrario que su hermano pequeño. Hay veces que se le acerca algún niño, y le hace alguna pregunta, o si le ve jugando quiere interactuar, sin embargo mi hijo, reulle. Es cómo que no se fía. Le vence la timidez del momento. Se levanta y se va. El caso es, que a mí de pequeña me pasaba igual. Mi forma de ser, no cuadraba con lo que mi madre quería ver en mí, porque lo veía en otras niñas. Ésto frustra bastante, es cómo defraudar a tu madre, y eso nunca es bueno para una hija.

En mi caso, pienso que voy a caer en el mismo error, porque quiero lo mejor para él, pero a mi manera. Me sé la teoría «hay que dejarles que caminen sólos, que tropiecen, que aprendan. Sólo hay que estar ahí, a su lado para lo que necesiten». …Ponerla en práctica, es otra cuestión.