El lunes 18 de marzo, me llamaron para decirme que el jueves 21, a las 14.30 horas había que ir al hospital para opera a mi pequeño del hidrocele testicular derecho.

Qué rapidez. Desde que fuimos al anestesista el 11 de marzo, han tardado menos de una semana en llamarme para la intervención.

El día del anestesista, mi hijo se portó muy bien. Le enseñó lo que iban ha utilizar para dormirle el día de la operación. Una mascarilla y con una especie de globo al final, que se hinchaba si soplaba. Así que, de vuelta a casa ése día, me inventé un kit de enfermería, para jugar con los muñecos y así, quitarte el miedo a soplar el día D.

El caso es, que llegó el día 21. Desde las 9.30 tenía que estar sin comer nada y desde las 12.30 sin beber ni agua. Lo hizo genial. Intenté darle todo lo que pude hasta las 9.30, y zumo hasta las 12.30. A penas quiso comer, y luego no me pidió absolutamente nada. Agua, y le tenía que decir que no. Es cierto, que lo tuve muy entretenido jugando y eso hizo que se olvidase un poco de todo. Luego se echó su siesta. Y cuándo despertó ya en la sala de espera, sólo pidió de comer una sóla vez, eran ya las 15.30.

Habían pues cómo 10 niños en total, para lo mismo o similar. Con lo cual, la cosa iba para largo. Cómo había más niños, pues viendoles, y jugando con los coches, etc. el tiempo iba pasando. A veces preguntabas «¿cuándo viene el nene del globo?.

Tras casi una hora de espera, pasamos a una habitación, y allí te puse un pijama de hospital, y estuvimos otros 30 minutos. Había jugutetes y otros niños, que o bien salían del quirófano o iban cómo mi pequeño a entrar. En verdad, estuvo muy tranquilo. Genial diría yo. Y eso, que había niños que salían llorando y gritando muy nerviosos. Pues no se alteró para nada.

Le pusieron una pulsera, y le dije «anda que chula, una pulsera y todo. Seguro que luego ahí dentro cuándo te lleve la nena (enfermera), habrá un montón más de juguetes (en la habitación había unos cuántos juguetes, que incluso se podían llevar al quirófano). Verás qué bien lo pasas.».

Y cómo estaba entretenido, pues llegó el momento de que la enfermera lo cogió en brazos, y lo entró por las puertas que daban al quirófano. Me miraba serio, pero no lloró en ningún momento, ni al entrar ni al salir.

Cuándo todo acabó, unos 30 minutos de intervención quirúrgica, y unos 20 minutos de recuperación, cuánto entré todavía estaba dormido. No había manera de despertarle. Llevaba el suero puesto, y sólo lloriqueaba porque quería quitárselo. Nada más.

Poco a poco se fue incorporando en la cama, y ya despierto sólo era «quitame ésto mamá», la vía. Bebió agua, leche y alguna galleta. Todo muy bien. Nos fuimos a casa.

Por la noche perfecto. Cenó salchicas, y durmió a pierna suelta. No se quejó ni lloró. Lo único que tiene que estar cómo 3 semanas sin hacer esfuerzos de subir o bajar columpios, correr, saltar, ó coger bicicletas o su querida moto.

Me ha sorprendido una vez más su madurez. Todos creíamos que con su mamitis, iba a llorar cuándo se separara de mí y lo adentrasen en el quirófano. Pero no, nuevamente fue un valiente. No lloró en ningún momento. Quizá sirvió de algo hablarle de la operación, y tratar de que todo fuese algo normal en su vida. Sea como fuere, me siento orgullosa de mi pequeño gran hombrecito.