La racha de despertarse cada noche a las 3.00 de la madrugada, y no querer volver a su cama, parece que se va calmando. Desde hace unas semanas, decidimos que durmiese al lado de su hermano pequeño. Ambos duermen en la misma habitación, pero uno dormía arriba, y el otro bajo. Así que, decidimos, poner un colchón en el suelo, y que durmiesen ambos juntos. Parece que tener a su hermano cerca le calma, aunque sigue con sus miedos.
Llora desconsoladamente, cuándo ve que es de noche, y se acerca la hora de dormir. A veces incluso, vamos por la calle, y son las 19 de la tarde, y dice que ya es muy de noche. Empieza a pensar que nos pueden atracar, ó con una pistola matarnos o robarnos. ¡Madre mía!, pienso qué oirás en clase, porque lo que es en casa, no hablamos de nada de eso, ni siquiera vemos las noticias. Otros días, me cuentas historias de tu colegio. Que una compañera te contó que un muñeco robot, atacó a un niño y lo mató. Desde ese día, lloras cuándo te acuerdas, y me dices: «¿qué voy a hacer si soy un miedica?, soy un creedor- dice- y llora y llora sin parar.
Yo le digo que es un niño demasiado listo e inteligente cómo para creerse esas historias, y que no tiene por qué escucharlas, simplemente, tiene que irse del grupo, o decirles educadamente que no quiere escucharlas. Al parecer, las cosas no cambiarán nunca. Están los niños que se creen que asustando o contando «historias de mayores», serán los populares, y los que son cómo mi hijo, que si no escuchan, son «los miedicas». Supongo que eso le habrán dicho en el colegio, «eres un miedica», y efectivamente, se lo cree.
Está claro que, en el colegio poco podemos hacer los padres. Si ellos no son capaces de confiar en nosotros, y contarnos lo que les sucede, les asusta o no les gusta, por mucho que les preguntemos, jamás averiguaremos sus miedos. Tengo suerte con mi hijo, porque a pesar de todo, nunca me dice que no quiere ir al colegio. Sé que muchos amigos no tiene, que entre sus compañeros de clase, sólo un par hablan con él, cuándo su amigo no está. Que en el patio, juegan siempre los mismos, y su grupo es tan cerrado, que no admiten a nadie nuevo. Le hablo y le hablo de que debe intentar conocer a sus compañeros. Seguro que alguno, comparte con él juegos o diversión. Pero, su timidez le puede más. A la hora de jugar en clase, sé que cogerá algún muñeco, se imaginará que es uno de sus muchos personajes, y jugará sólo. También sé, que dentro de ese mundo él es feliz. Y no le importa que los demás lo miren o estén jugando entre ellos. También sé, que en el fondo, intenta aparentar otro niño que no es, pero los demás no lo ven.

No se han encontrado comentarios