Ayer 2 de octubre, nos casamos. Después de 8 años juntos y un hijo en común, mi pareja (ahora ya mi marido), creyó oportuno, que con otro hijo en camino (estoy embarazada de 5 meses) teníamos que formalizar nuestra relación.
Mi ahora marido, nunca ha estado a favor del matrimonio. No cree en la iglesia, ni en los curas. No quería una gran ceremonia eclesiástica, ni tan siquiera multitudinaria, es decir, ser el centro de atención. En mi familia, la verdad, no recuerdo ninguna boda que no haya sido la típica ceremonia por la iglesia, luego convite por todo lo alto, y posterior viaje de novios. Pero, sí es cierto, que si yo he estado de acuerdo, es porque a mí, a pesar de mi familia y sus creencias, y de pensar toda mi vida, que me casaría por la iglesia y toda la parafernalia que conlleva, finalmente, me dí cuenta, que tampoco quería ser centro de atención, que no necesitaba casarme para saber que tenía a mi lado a la persona indicada. Que unos papeles no significan nada seguro. Estoy segura, que mi marido nunca me engañaría con el dinero, por ejemplo.
Volviendo a nuestra boda. La verdad es que fue algo muy discreto. Un acto rápido en el juzgado. Lo hicimos todo en secreto, tan sólo se enteraron, mis padres y hermana, y el padre y hermano de mi marido…y, porque tenían que ser dos testigos que firmasen el acta antes de casarnos, y el día de la boda, sino, creo que nadie, se hubiese enterado. De hecho, casi un año después, se fueron enterando algunos familiares.
Mi madre, cómo no, firme creyente, quería una boda por lo alto. Luego, respetando un poco mi decisión, se «conformó» con que al menos nos casáramos. Los papeles son importantes para ella. Y, mi marido y yo, también lo llegamos a pensar: si nos pasase algo, al menos tenemos que tener una base legal para nuestros hijos y cónyugues. De todos modos, a modo de anécdota, ahora, cuándo te casas, ya no son bienes comunes, sino, separación de bienes. Si quieres cambiarlo, debes ir al notario, con su correspondiente gasto de gestión.
En mi caso, nos quedamos tal cuál. Separación de bienes. De hecho, cuándo hablamos de si nos tocase la lotería, nunca estamos de acuerdo en lo que haríamos con tantos millones. Yo, siempre le digo «tú, tu parte y yo la mía, cada uno que haga lo que quiera. Ahora, primero el colchón de nuestros hijos. Luego el reparto a dos». Y, lo tengo muy claro.
Volviendo al día de mi boda. Llevé un vestido azul que me regaló mi hermana. Yo quería ir normal, ni ramo, ni vestido, nada. No pensábamos celebrarlo tan siquiera. Ni sabía que mi hermana iría. Era un viernes a las 14.30. Además, pensaba que era firmar en el mostrador y punto. Pero no. Habían otras parejas, y pasábamos a una sala, con una juez. Simplemente, nos sentamos 10′, lee unos párrafos, intercambio de anillos (mi marido no quería anillo, ni lo quiere), y …¡casados!. Mi sorpresa, mi madre había reservado en un restaurante para comer. Me dieron mucho dinero, y se enfadó porque no había organizado nada al respecto.
Mi idea era otra. Casarme y tomar algo rápido. Otro día, con más calma, invitarlos a comer, y celebrar la boda. Pero, cómo siempre, mi madre se adelantó a mi decisión. Me recriminó llorando que no quería saber nada de ellos, y que prefería irme a comer con la otra familia. Es decir, el hermano de mi marido, que se había enterado de la boda, el día antes por casualidad, que estaba de vacaciones porque había sido papá hacía unos días, y se presentó, claro, a ver cómo nos casábamos… el hecho de que nos fuésemos a comer con su hermano, para nosotros no era celebración, era simplemente, un día cualquiera más. Fue una casualidad. No una celebración.
Tengo claro, que si volviese hacia atrás, me casaría en secreto total. Así, evitaría conflictos y los llamados «malos rollos». Pero, también tengo claro, que hay que respetar las decisiones de los demás. No quería casarme, me daba igual. Lo hice porque mi pareja insistió en que era lo mejor para nuestros hijos. Me caso, y no quiero traje de boda, ni nada que se asemeje a una celebración. Pero, nada se cumple. Intento comprender a la familia, y su emoción y ganas de celebración. Para mí, tan sólo fue un trámite más. Cómo ir a firmar un simple papel al banco.
Cada uno tiene que vivir su vida a su ritmo y con el respeto de los demás. Sabiendo que lo que se hace es lo correcto, no lo que los demás creen que debes hacer.
No pude llevar a cabo ésta frase tan determinante porque mi familia, al ser sólo de 4 miembros, se entromete demasiado. No para mal, pero sí, causa un pequeño conflicto mental. Nunca piensas está bien lo que haces.

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