¡Pues el mío unos cuantos!.
Desde hace un mes y medio aproximadamente, cada semana es un nuevo enfado, que va condicionado por una manía.
Manía: no quiere ponerse una chaqueta, o unos pantalones o unas zapatillas («No me gusta»- dice-).
Manía: dice que no quiere comer hamburquesa, o pollo ó unas determinadas galletas, que anteriormente se comía sin rechistar.
Hasta, pasar por hacer revisión en su habitación haber sí, algo está dónde no debería, ó falta algo dónde debería estar.
Es tremendamente agotador. Cada día, es una sorpresa. Es una nueva «batalla» contra la terquedad de un niño que aunque digamos que no nos entiende…entiende a la perfección.
Entiende que, si insiste de forma constante y con lloros, finalmente ante nuestra falta de paciencia (ya sea por el trabajo, por la casa, o simplemente porque un día nos es agotador) conseguirá lo que se propone.
En mi caso, no soy famosa por mi paciencia, sin embargo, he conseguido aguantar muy mucho mi carácter y conseguir que ó bien desista en su empeño, tras constantes lloros y gritos, a los que no hago caso. Ó, consigo hacerle cambiar de opinión, ofreciéndole una alternativa a su empeño en conseguir su objetivo.
Es decir, un pequeño «engaño» para que no se salga con la suya.
Al final de la semana, es agotador, pero en ocasiones veo los frutos, y me satisface ver que no soy tan ogro como parezco a ojos de mi hijo.
En fin, cada mamá conoce a sus hijos, y sabe como dicen las abuelas » de qué pie cojea», así que, si sirve de algo mis experiencias…le resumen final sería: paciencia, calma y control de la situación.
Sus lloros deben ser canciones para nuestros oídos, dejarle que se calme con palabras silenciosas, ofrecerle una alternativa a su enfado. Tratar después de hacerle entender (mediante premios o castigos) que no debe enfadarse ni gritar a mamá ó papá.
Hay que aplicarse los consejos antes de perder el control, pues al fin y al cabo, son niños, son inofensivos, y lo que están haciendo a partir de ésta edad, es construir su carácter. Por eso creo, que en éstos momentos, sí somos los padres, los responsables de que el carácter que se le está forjando, sea en un futuro el condicionante de su vida emocional.
Si ahora, le dejamos florecer un carácter obediente y dócil, pero firme en ciertas convicciones, seguro que será una persona buena. Si dejamos que se salga con la suya, y continuamente esté enfadado. Al final, será una persona egoista y siempre cargada de razón.
Nuestro camino como padres, empieza en éstos momentos. Seamos firmes, pero dejemos que exploren situaciones y se equivoquen, pues en éste camino está su verdadera personalidad.

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