¿Por qué?…
Es la pregunta que me hago cada vez que me enfurezco con mi hijo. A veces, no es ni tan siquiera por él, si no, por la situación.
Esta noche, se ha despertado como otras tantas. Me he levantado, y le he puesto el chupe, le he dado agua, y se ha dado media vuelta. El caso es, que la mayoría de las veces, al cabo de media hora o tres cuartos, se duerme. Pero esta noche, no había manera. A las 1,30 am. Ha dicho que no tenía sueño. Pero el caso es, que se daba la vuelta, y todo el rato, era como intentado dormirse. Cerraba los ojitos, se abrazaba a su peluche, y lo intentaba. Pero, a los cinco minutos, empezaba «mamaaaa», y mamá ahí estaba, al lado. Perenne, sin moverse.
Me he desesperado cuando dos horas después, no paraba de moverse, y de hablar.
He decidio acostarme junto a él. Cerrar los ojos, y no hacerle demasiado caso. Quizá así, se dormiría. Pero nada. Cuando creía se había tranquilizado, se volvía hacia mí, me tocaba la cara, y me llamaba.
A las 6 de la mañana, ya me he cabreado. Me he levantado, y me he ido a mi habitación. Me he acostado, pero al cabo de dos segundos, mi hijo ha salido por la puerta, y en la oscuridad se ha puesto a buscarme llamándome. He salido a por él. En el fondo, no quiero gritarle, ni enfadarme.
Durante seis meses, me he despertado primero cada tres hora, luego cada cuatro, en ocasiones he estado durante más de cuatro horas despierta viendo dibus con él, hasta que finalmente, ha caído rendido de sueño.
No sé que me pasa ahora. Quizá pienso, que ya es «mayor» para saber que se debe dormir.
Quizá pienso, que me está «toreando».
Pero, en realidad, fríamente. Luego, lo pienso. Y me doy cuenta, que cuando a mí me pasa, el no poder dormir. Doy vueltas y vueltas. Me pongo nerviosa
No se han encontrado comentarios