Ya es notable con 9 meses como tiene mi pequeño, como ha evolucionado.
Corretea ya por el pasillo gateando, se sujeta a cualquier mesa, sillón, silla, mueble que esté a su alcance, y se pone en pie. Le encanta, estar de pie.
Si nosotros nos levantamos, nos persigue por la casa gateando, y cuando nos paramos, nos sujeta los pies, y agarrandose a los pantalones, se levanta.
Si estamos sentados, se sujeta igualmente a nuestras rodillas, y se alza. Las piernas todavía le tiemblan un poco, y suelto no podemos dejarlo, sin sujeción, porque se balancea a los lados o hacia delante. Pero, ya se sabe soltar y agachar sin caerse bruscamente hacia detrás como hacía tan sólo una semana atrás.
Creo que dentro de poco, comenzará a caminar, y desde ese momento ya habrá dejado de ser un bebé. Sí, porque aunque todavía no pronuncia palabras concretas, de momento mamá y papá; «tatatá», ó emitir pequeños sonidos, el momento de caminar, es un paso (nunca mejor dicho) muy importante. Nuestro bebé, aunque no lo pensemos, ha aprendido a sentarse y mantenerse sentado, sólo. Está consiguiendo hacer con su pequeños cuerpecito cosas inimaginables antes. Sabemos que las tiene que hacer, pero es tan grandioso para ellos, y para nosotros verlo…
La semana pasada también aprendió a decir «no» con la cabeza y moviendo los brazos al mismo tiempo, como si estuviese enfadado (realmente no sabe que dice «no», pero lo hace y se ríe), y esta semana, ha empezado a gritar. Sí, grita y comienza a balbucear en su «idioma», y parece como si estuviese echando una pequeña regañina a sus juguetes o a cualquier cosa que tenga en las manos (a veces nada), mientra realiza éste acto. ¡Es muy gracioso!…
Y, me dice «Adiós» con la manita.
Lo que sigue es extrañando a la familia, y cómo no a gente que no ve a menudo. Incluso a su abuela.
Llora y llora en el cambiador, no le gusta nada estar ya tumbado para vestirle o quitarle el pañal. Sigo bañándole en la bañera-cambiador, y aquí bien, juega, pero en cuánto le sacamos, a llorar sin parar.
Nuestros hijos avanzan a pasos agigantados. Más vale que no os los perdáis de vista, ó acabaréis por verle irse de casa, y apenas os habréis dado cuenta de que hace apenas unos años, todavía balbuceaban y estaban entre vuestros brazos.

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