He querido extraer un pequeño texto de un artículo que he leído en una revista de bebés: “sentirse llena de amor o vivir con permanente ansiedad durante el embarazo es cosa de dos, porque los pensamientos que inundan a la mujer comienzan a definir y modelar la vida emocional de su hijo“…

uf!!! es muy fuerte pensar que nuestros pensamientos pueden llegar a dañar emocionalmente a nuestro pequeño.

Realmente, te sientes responsable. Nos sentimos responsables, primero de traer una vida al mundo, un ser indefenso y vulnerable. Que debe depender al menos durante los primeros años de su vida de sus padres. Segundo, te sientes responsable de su desarrollo fetal. Que crezca sano y fuerte, que se desarrolle según la naturaleza, que no sufra. Dejamos de fumar (quién lo haga, yo nunca he fumado), de beber alcohol, de comer ciertos alimentos, empezamos a comer otros que nos indican son mucho más saludables, controlamos nuestro peso, vamos regularmente a la matrona, tocólogo, monitores,…ante cualquier pequeño inconveniente, acudimos inmediatamente al hospital, donde además somos atendidas de urgencia. Intentamos realizar todo aquello que contribuya a que el pequeño ser que está creciendo en nuestro interior, no sepa lo que es el sufrimiento.

Y tercero, cuando nace. Es cuando dicen que ese vínculo, crece aún más, pues las hormonas que desprendemos hacen que la unión madre-hijo, comience a elaborarse.

¡He disfrutado tanto de mi embarazo…!… He sentido ese vínculo. He leído tanto,… día tras día, veía videos y leía cómo mi bebé estaba creciendo y evolucionando en mi interior. Cómo se formaban sus órganos, sus miembros, cómo latía su corazón… Le hablaba, le cantaba, cada día le daba los “buenos días bichito”…y, cuándo empezó a moverse, el día que no lo sentía, presionaba mi tripa con la mano para moverle. Lo pasaba muy mal cuando un día apenas lo sentía.

Es increíble, que puedan escuchar tu voz, distorsionada por el líquido anmiótico, pero la oyen. Somos su nexo de unión al mundo exterior. Es maravilloso, que las mujeres tengamos el don de dar vida. Se dice muy pronto, y creo que no nos hemos parado a pensarlo. Ni tan siquiera nuestras parejas, se han parado a pensarlo… Somos donantes de vida. Somos capaces de crear un pequeño cuerpo en nuestro interior. Gracias a la unión de una célula, que lleva los cromosomas masculino o femenino, y un óvulo. Al final, todo ello da origen a un embrión, que luego se convertirá en el feto, que dará lugar a una vida humana.

No somos simples embarazadas que queremos ampliar la familia. Al menos yo no me he sentido así. Me he sentido llena de vida y felicidad. Paseaba mi embarazo como si de un trofeo se tratase. Era cómo si ya tuviera a mi bebé en brazos y lo estuviese mostrando al mundo. Además, estamos plenas de amor. Y, nos rodeamos de personas a las que queremos. Y nos cuidan.

En mi embarazo, he sentido que mi bebé ya me necesitaba. Y ese sentimiento es lo mejor que me ha pasado. Dar a luz a mi hijo, y sentir que por fin realizaba algo por lo que sí valía la pena cualquier sufrimiento, sentirme en definitiva “útil”…es por lo que debemos sacar fuerzas para afrontar cualquier dificultad que se nos plantee.

He dado una nueva vida a éste mundo. He dormido con él, soñado, descansado, despertado. He llorado, reído o enfadado. Me he asustado, caído o bañado con él. He amado a mi pareja antes y con él en mi interior. No sé si realmente, como dicen los estudios, todo ésto haya contribuido a que mi bebé sea más o menos optimista, extrovertido, simpático, o inteligente. Entonces la frase de “uno nace, no se hace”, se hará cierta. Quizá mi hijo algún día me agradezca haberle traído al mundo, aunque quizá también me lo reproche.

Pero, darle la vida, para mí ha sido la mayor felicidad que he sentido.