Es curioso como tras dos malos días desde que decidí tomar las pastillas para parar la subida de leche, mi pequeño, se acostumbró a no tomar el pecho.

 

Antes, lo buscaba desesperado, sobretodo para dormirse, tras éstos dos días de lloros, ya ni se acordaba del pecho.

 

Es lo que tiene ser tan pequeño, apenas 22 días de vida.

 

Eso sí, se acostumbró y muy bien, a los brazos. Y lo de pasearlo para dormirse…le encantaba. Su padre, se reía, porque lo cogía, se sentaba, y empezaba a llorar. Se levantaba, y se callaba.

 

¡Y pensar, que hacía unos días estaba en mi barriga dando patadas!.

 

Ahora, todo es diferente. Todo el mundo me dice que disfrute mucho de mi hijo. Que aunque lo pase mal un tiempo, todo pasa muy rápidamente.

 

Es cierto, pero cuando mi hijo, se despertaba a las 2 de la madrugada, y tenía que esperar hasta cerca de las 4 para que se durmiera con unos ojos más abiertos que los míos…eso sí, no se quejaba. No lloraba. Se quedaba quietecito en mis brazos. Mirándome o mirando hacia un lado fijo concreto…hasta que finalmente se quedaba dormido.

 

Lo que ocurría, es que al dejarlo en el cesto, volvía a abrir los ojos de par en par, y tras volver a mecerle durante una hora, en mis brazos, entonces, sí se quedaba durmiendo.