LA MANTITA– PRIMEROS MESES
Me dí cuenta, que la única forma de dormirse, era acurrucándose en mis brazos, pero escondiendo la cabeza como una avestruz, bajo mi brazo. Tengo fotos, en las que no se le vé. Está escondido bajo mi axila. Nos reíamos, porque pensábamos que no podría respirar…era increíble.
Aunque se ponía nervioso, y no paraba de patalear y moverse. Parecía que no quería dormirse. Pero, no era eso, era que no sabía cómo dormirse. No cogía el sueño. Por lo hablado anteriormente, ellos estaban acostumbrados a comer y dormir cuando querían en el vientre materno. Ahora les toca comer y dormir a unas horas concretas, y cómo nosotros queremos…complicado para un bebé que no entiende nada.
Bueno, me desvío del tema…
El caso es, que me dí cuenta que la forma de dormirse, era acurrucado y escondiendo su carita. Yo creo, buscando protección.
Así que, probé. Le puse en el cestito de mimbre dónde dormía, una mantita a cada lado. La enrollé en forma de tubo, y lo acurrucaba. Le ponía la mantita rozando su carita, y así, logré en un par de días, que lograse encontrar protección, pero ahora en su cestito.
Y se dormía, vaya si se dormía. No todas la veces, pero la mayoría, sin necesidad de acunarlo.
Así que, hay que lograr encontrar la manera de que nuestro bebé se sienta a gusto en su lugar de descanso. Teniendo claro, que no siempre se dormirá a la primera. Pero, que es un primer paso para enseñarle a dormir solito. Al menos, de vez en cuando.
SU LUGAR DE DESCANSO
En éstos meses, dormía en un cestito de mimbre. Y dormía en el comedor. Ya que, se despertaba a menudo, y había que acunarlo, ó se dormía en brazos. Al dormirse en brazos, luego se despertaba si lo tumbábamos en el cesto.
Así que, se dormía en brazos, y nosotros (su padre o yo) tumbados en el sofá, con él acurrucado. Más de una, dos y tres noches, he pasado, con él en brazos. Luego me despertaba, con el brazo hecha polvo, el cuello agarrotado, y la espalda dolorida.
Pero, era de momento la única forma de que durmiera un par de horas sin que se despertara.
Luego, una noche, mi chico, se quedó con él. Y logró, se durmiera tras darle la toma, tranquilo en el cesto, acurrucado como digo en la mantita. Y el chupete puesto. Que ésto es otra. Había que sujetarle el chupete para dormir. Lo tiraba, y sabía claro, que se lo íbamos a volver a poner nuevamente. Así que, se lo teníamos que sujetar hasta que se dormía.
La verdad, es que durante el primer mes, el bebé tiene que acostumbrarse al exterior. Y, aunque es agotador en ocasiones, a veces debemos parar y pensar que tampoco para nuestro pequeño debe ser fácil. Es decir, ha estado 9 meses, alimentándose y durmiendo, cuándo le apetecía, y ahora resulta que, tiene que seguir unas pautas de comportamiento, ya, desde el primer día que ve la luz.
En mi caso, de momento, es agotador.
Tengo la ayuda de mi pareja, pues yo suelo acostarme a descansar sobre las 22.30 horas (que caigo agotada en la cama) y mi pareja le da el biberón de las 00.00. Yo, entonces me levanto en la siguiente toma, ya sobre las 3.00 ó 3.30. Entonces se duerme en brazos, y es una odisea acostarlo nuevamente. Debo hacerlo despacio, que no note que lo estoy dejando en el cesto. Sigilosa, no dejo que note frío, la manta siempre cerca de su carita, y luego, al acostarlo, otra manta en su espalda para que no note vacío y se sienta protegido…¿qué os parece?…Agotador!!!.
LA HORA DEL BAÑO
El primer baño, ya se lo dan al bebé en el hospital.
Viene la enfermera, y te enseña cómo hacerlo. Luego, te dicen lo bañes a diario. Ó al menos, días alternos.
Nosotros, cogimos por rutina bañarlo diariamente. A eso de las 21h, le dábamos un baño, y seguidamente el biberón para dormirse. Poco a poco, ésta rutina que hemos mantenido, y mi hijo, a los pocos días, ya relacionaba, baño- biberón. Y vaya si lo relaciona. Mientras lo estaba secando, ya demandaba el biberón, y su padre, tenía que prepararlo a toda prisa.
Durante las dos primeras semanas, era llorar todo el rato, desde que le tumbábamos para quitarle la ropa, hasta que le sacábamos del agua y le secábamos. Todo el rato llorando.
Le cantábamos, le decíamos cositas bonitas y dulces…aún así lloraba.

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