"Mamá he hecho pipí..."
Con ésta frase, mi hijo, lo que quiere decir, es que se hace pipí, y hay que ir "echando leches" al baño.
He de decir, que me siento orgullosa no, orgullosísima, de cómo mi pequeño ha conseguido, adaptarse al cambio, de pañal a "churrilla al aire" – como le digo yo -.
Nos ha costado. Pero, en favor de mi peque, he de contaros, que ha costado, porque lo empezamos haciendo bastante mal.
Empezamos dos días antes de semana santa de éste año 2014. Un miércoles creo recordar.
Estaba "asustadilla" porque, realmente, la comodidad que supone y la seguridad que conlleva, llevar un pañal, y soltar el pipí y la caca, en cualquier lugar, hora, y situación...A, tener que acostumbrarse a pedirlo...
Nos costó...
En casa, se lo quitamos, y controlábamos el tiempo, para llevarlo al baño. Le coloqué un panel de caritas sonrientes y enfadadas, a modo de "castigos-premios", justo en la pared, frente al W.C., pero, nada de nada.
Ni los premios, ni los castigos, hacían que pidiera pipí o caca.
Resulta, que esos primeros días, fueron catastróficos. En mitad, justo una semana después, nos fuimos de vacaciones, y claro, otra vez, el pañal.
Volvimos, y en casa, ¡fuera pañal!...salíamos a la calle, y ¡otra vez el pañal!...Realmente, lo estábamos liando al pobre. Y, al final, me di cuenta, que casi lo hacía más para mi bien, que por el bien de mi hijo.
Al final, lo que todos me decían: "hay que quitárselo de golpe. Se lo quitas hoy, y ya mañana tiene que salir a la calle sin pañal. Lo estás confundiendo!!"...
Esas advertencias de muchas madres, en esos parques abarrotados de niños, que han pasado por lo mismo.. resultó ser la solución.
Un día del mes de mayo, me dije: "hasta aquí. Hoy, fuera pañal". Me decidí. Salí a la calle, cargada de dos mudas de ropa, y a la aventura.
Le hacía ir al baño antes de salir. Por cierto, en el orinal.
Y a modo de anécdota. Las primeras semanas, - qué como digo, fueron alargándose, hasta llegar a casi un mes, que no conseguíamos que pidiera pipí/caca- mi marido, se ponía con mi peque, sentados ambos, uno en el suelo, el otro en el orinal (no hace falta que diga quién era quién), y, de ésta manera, en varias ocasiones, mi marido consiguió (ayudado por una tablet, un libro o los dibus de la tele) que mi hijo, hiciese caca. El pipí, más o menos era más controlable.
También, en más de una ocasión, mi hijo a mojado el sofá, el suelo, la cama...etc, etc. Incluso sentado en el orinal, el pipí se le salía por fuera, la "cosica" se le levantaba más de la cuenta...
Ahora lo recuerdo, y me rio..., pero, cuando lo estás pasando, piensas si lo lograremos.
Y, sí. Lo hemos logrado.
Dos meses después. Mi pequeño, pide pipí y caca. Aunque lo de decir "caca"...todavía cuesta, dice pipí para todo...Yo, ya sé cuando es cada cosa. Su hora "all bran", como se suele decir, la tengo controlada.
Es más, lleva como un mes y medio, que se sienta ya, en el W.C. En un adaptador. Y, si salimos, él es el que se adapta al w.c de cualquier restaurante, bar, tienda, parque, etc.
Es un Campeón!.
Si lo pongo en el parque en un árbol...le da igual. Y, recuerdo, la primera vez que lo puse.
Le dije, "vamos a regar el árbol"..."nooooo" – decía - .
Aún todavía, hay muchas veces, que hay que recordarle ir al baño. Pero, por regla general, lo pide.
El reto siguiente, es que en el colegio, se baje y suba solito los pantalones...¡madre mía!...
Pero ésta, será otra aventura.