¿Qué más puede ocurrir?, el mundo se desmorona, pero lo peor, es que afecta a las personas más desgraciadas, como siempre.
Si nos paramos a pensar, estamos volviendo al tiempo de la postguerra, cuando nuestros abuelos acudían a los centros de alimentos, con su cartilla, la cual sellaban cuando le daban la leche o el pan que les correspondían.
Mi abuela me contaba, cómo iban por las calles, intentando ver si por casualidad, había comida por el suelo, hasta las mondaduras de las patatas, se las echaban a la boca.
Los pobres eran muy pobres, y los ricos eran muy ricos. No había clase media. Entonces, acabó la postguerra, y el mundo se fue recuperando de un desastre humano imposible de evaluar.
Fue resurgiendo, como se suele decir de sus cenizas. Vivimos también un golpe militar, que no fue a «buen puerto». Entonces, el rey juró su cargo, gracias a su amistad con el Caudillo, y se creó un nuevo gobierno. Apareció la Constitución Española (1978) para otorgar derechos y deberes a los Españoles.
Pues bien, como decía el mundo se desmorona. Al igual que las modas, volvemos a la época de nuestros abuelos. La diferencia: que disponemos de tecnología avanzada. El modo de usarla, difiere mucho.
Los pobres, cada vez más pobres.
La Constitución dice que los Españoles tenemos derecho a una vivienda digna y a un trabajo. Pero, el número de desahucios, y personas en paro incrementa a medida que pasan los meses. Las familias con todos sus miembros en paro, es cada vez mayor. ¿Dónde está esa vivienda digna que está causando suicidios? Parece que las personas se están volviendo locas, y no es de extrañar. ¿Qué pasará por la cabeza de estas personas que desesperadamente se suicidan por no encontrar una salida a su deuda?…no me lo puedo explicar ni poner en su lugar. Tampoco, debemos maldecir o culpar enteramente al Gobierno y los bancos de éstas trágicas muertes. Pero sí, deberían pensar que algo mal están haciendo, para que a éstas personas, no vean otra salida que la muerte para saldar su deuda.
Señores Políticos, giro y giro dentro de un hastío imposible de describir. Me siento vacía, cuando veo que mi futuro se está destruyendo ante mis narices sin que pueda hacer nada. Pero, lo más penoso, es que es mi hijo, que es en torno al cual gira mi página, al que no deseo más que un futuro lleno de buenas esperanzas.
Quiero para él, unos políticos dignos, que trabajen por vocación, no por dinero, al menos no sólo por dinero. Que no traicionen nuestra confianza con falsas esperanzas (bajaremos los impuestos, no subirá el IVA, habrá puestos de trabajo, etc), que pueda dedicarse a aquello que más le guste si tener que «agradecer» a ningún empresario el acudir diariamente a trabajar.
No sé, quiero un mundo mejor. Sé que suena a película de ficción, pero es que, cuando cada día me despierto, pienso si habré tenido una mala pesadilla, o si es real todo lo oque nos está sucediendo.

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