Qué las Navidades no me gustan, no es algo novedoso. Cada a´ño cuándo se acercan éstas fechas, me supone estrés y ansiedad.

Durante los dos meses anteriores a las fiestas, ya empiezo a indagar por los regalos que les traerán a mis hijos Papá Noel y los Reyes Magos. Venga a preguntarles de forma disimulada qué les gustaría que les trajesen y por supuesto a pedirlos con tiempo para que lleguen.

No sólo es «investigar», sino buscarlos, pedirlos y repartirlos. Reparto entre el resto de la familia que siempre acaba preguntándome que quieren los nenes que les regalemos. Mi cabeza acaba estallando. No es lo mismo gastarme en regalos que yo le voy a regalar, que pensar en regalos para los demás, que no sé que quieren gastarse.

Me hago una lista con los juguetes, me recorro jugueterías, miro descuentos, me llevo a los nenes a mirar juguetes para indagar, en fin , una locura. Luego realizo una segunda lista con lo que cada familia le va a regalar. Y decir, que son dos niños de 11 y 6 años. Y, que el mayor cumple los años justo dos días antes de Nochebuena, con lo cuál, también tengo que pensar los regalos de cumpleaños.

Lista de regalos para: mi madre, mi hermana, mi cuñado (hermano de mi marido), mi suegro, una tía de mi marido, y por supuesto, nuestros regalos. Intento que los regalos sean económicos, y que les gusten. Sé que cuándo los abran les van a encantar, y me «quito» regalos para dárselos a los demás.

Luego eso no es todo. Porque tengo dos sobrinos mellizos de 17 años, que cumplen años el 3 de diciembre, y por supuesto tengo que pensar los regalos de cumple y de Navidad. Y, una sobrina de 7 años a la que no le sorprende absolutamente nada, porque tiene de todo.

Ninguno de los padres de mis sobrinos, me dicen nunca qué regalarles. Me caliento la cabeza para ver qué les puede sorprender. Y, a los mayores hace dos años, que opto por darles dinero en su cumpleaños, y regalarles en Navidad ropa o complementos deportivos o de belleza. A la pequeña de 7 años, pues ya me da «igual», porque cómo digo, tiene de todo, y nada le hace ilusión. De hecho, creo que le hace más ilusión ver dos o tres regalos y romper el papel, que luego lo que encuentra dentro.

No encuentro ni alegría, ni diversión, ni ilusión a las Navidades. Años tras año, calculo el gasto medio (unos 600 euros) en juguetes o dinero en metálico que damos, y acabo con mucha ansiedad que me repercute en mi estado f´´isico (dolor de mandíbula, flemones, dolores de espalda, no dormir bien, etc). Sé que la vida es ésto: pequeños trozos de ilusión y reuniones familiares. Pero he de decir, que Nochebuena fue para mí insustancial, Navidad lo mismo de siempre, Reyes no pasó nada (mi marido tuvo covid), y hoy domingo, esperando que acabe para comenzar un nuevo trimestre escolar.

Los niños han recibido más juguetes de los que deberían tener. La ilusión no es la misma que yo tenía cuándo era pequeña, y sabía que mis padres no podrían comprarme más que una muñeca o un libro para leer.

No tenía abuelos cerca ni tíos para regalarme juguetes, con lo cuál sólo recibía mi muñeca y era muy especial. Eso sí, recuerdo que mis padres escondían los juguetes por detrás del sofá, o debajo de la mesa, y poníamos leche y galletas. Yo, que vivía en un s´éptimo piso, tardé en darme cuenta que los camellos no eran los que volaban, sino los renos de Papá Noel.

Un día, me desperté, y ví que no había regalos. Me volví a acostar, y entonces hoy cómo mi madre se levantaba y rápidamente los colocaba en la habitación de al lado. Fue cuándo descubrí, que los Reyes Magos no dejaban los juguetes. Pero, que mis padres, se esforzaban cada año por comprarme al menos uno que sabían me haría ilusión.

No he sido una niña de pedir nada. Ni chucherías, ni chocolates, ni juguetes… nunca he celebrado un cumpleaños entre niños de mi edad cuándo era pequeña, siempre he jugado sóla en mi habitación. Es por eso, que tanto he apreciado siempre el regalo de Navidad. P0rque era el único que recibía en todo el año.

Ahora mis hijos, reciben regalos en cumpleaños, Navidades, y fuera de época, un superzing, un peluche de 5euros, una bolsa de chucherías cuándo quieran, etc. porque ahora parece que no cuesta nada ganar dinero ni gastarlo en hacer feliz a nuestros hijos. Pero, así, lo que conseguimos, es que nuestros hijos, no sean conscientes del esfuerzo que hay tras ése juguete.

No soy feliz en Navidades, no me hace feliz ver las luces, o los adornos navideños. Ni comprar y comprar para reunirse con la familia a comer o cenar. No me hace feliz gastar dinero en juguetes que luego no saben ni que los tienen. No soy feliz pensando que hay familias que necesitan comida o niños que no tienen juguetes.

Pero, soy consciente de que no puedo hacer nada para cambiarlo, excepto controlar que mis hijos sean agradecidos con lo que reciben y lo demuestren a las personas que le rodean. Y , restringirles en la medida de lo posible, que compren por comprar. Así cómo, jugar con ellos, y cada día hacerles ver lo bendecidos que han sido por nacer en la familia que han nacido, y tener todo lo que tienen.

No sé si ellos se sentirán agradecidos cuándo crezcan, pero ahora desde luego, la vida les ha puesto en «bandeja» una serie de oportunidades que deberían aprovechar para construirse un futuro en el que no les faltará de nada.