¿Alguien recuerda el origen de éstas fiestas navideñas?

¿Qué celebramos en Nochebuena? ¿Qué significa la Navidad? ¿Por qué hay un desfile la noche de Reyes? ¿Recordamos el significado de la presencia de los reyes magos de Oriente ante el niño Jesús?. Es más, ¿eres creyente?. Si no lo eres, ¿qué hacemos entonces celebrando una fiesta en la que se celebra el nacimiento de un niño llamado el Mesías. Un niño concebido para supuestamente salvar a aquellos que lo sigan, que crean en él. Y, que morirá en la cruz por todos nosotros?.

Pues yo creo, que cada año, lo único que celebramos es, la fiesta del gasto, de las comilonas, de los regalos acumulativos (regalos en nochebuena, en reyes, y por supuesto el llamado amigo invisible…), de las compras desmesuradas, de las reuniones con familiares a los que a veces no te apetece ni ver, de la iluminación en las calles a ver qué ciudad lo hace mejor, del fin de año con cotillón y uvas ¿de la suerte????, de la lotería de la desilusión…celebramos cada año, simplemente unos días de falsa ilusión.

Me dicen que debo celebrar éstas fiestas con alegría, por mis hijos. Pero, ¿qué les estoy enseñando a celebrar?. Nosotros nos hemos vuelto ateos, en cierto momento de mi vida, dejé de creer en que un Dios nos vigilaba desde el cielo. Un supuesto ojo, que todo lo ve y todo lo oye. Al que, le pedíamos por la salud, el dinero y el amor. Al que recurríamos cuándo queríamos aprobar un examen, o que el chico más guapo del instituto se fijara en nosotras. Al que le implorábamos por que curase al algún ser querido de una enfermedad. Dejé de pensar que mi vida giraba en torno a creer que existía alguien que me ayudaba a salir de mis escombros. Ni la iglesia, ni los curas, nada es cierto.

Un escrito bíblico dice:

«Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle», cuenta San Mateo en la Biblia. El evangelista continúa con el relato: «Al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». Pero, ¿por qué esos regalos? ¿Cuales son sus significados?

A CONTINUACIÓN DEJO UNA EXPLICACIÓN QUE NADA TIENE QUE VER CON LA ACTUAL CELEBRACIÓN DE REGALOS A LOS NIÑOS.

Oro: Baltasar entregó el preciado metal a Jesús por ser considerado el ‘Rey de Reyes’, ya que el oro es un presente regio, que se destinaba a monarcas y altos dignatarios. En el relato, Mateo plasma que los magos preguntaron directamente por el ‘Rey de los judíos’. Por su parte, el oro también simboliza la pureza, ya que no se altera ni se corrompe.

Incienso: Es el resultado de la suma de resinas aromáticas vegetales y aceites esenciales que al quemarse desprenden un humo perfumado. Gaspar obsequió al Mesías con este presente por tratarse del hijo de Dios, ya que a las divinidades se les rendía culto quemado incienso. Su significado simbólico es la ampliación de la conciencia, la purificación, que va más allá de los apetitos cotidianos

Mirra: Se trata de una resina que segrega la Commiphora myrrha, un árbol que crece al noreste de África, en Arabia y Turquía. La mirra es aromática y contiene varias propiedades medicinales, aunque también se utilizaba tradicionalmente como ungüento para embalsamar a los muertos. Aunque no se sabe con exactitud el significado, algunas hipótesis apuntan que señalaba su mortalidad como hombre.

Pues resulta que ahora, en Nochebuena, celebramos una comilona que incluye los llamados regalos del amigo invisible, regalos que en algunas familias, vienen a sustituir el hecho de no tener que regalarse unos a otros, y con el fin de ¿ahorrar en dinero, o más bien en quebraderos de cabeza?. Luego eso sí, no pueden faltar los regalos de ¿Papá Noel?. Un señor regordete vestido de rojo y con barba blanca, que subido a un trineo con renos, se pasa la noche repartiendo regalos por los confines del mundo a los niños. Y, que en algunos casos, hasta se cuela por una chimenea!!!. Y, digo yo ¿de dónde sale éste hombre?. Ah, síiii! de EE.UU. Bueno, al parecer viene de Laponia. Pero, le hemos acogido entre nosotros, cómo uno más. Así que, una noche en la que supuestamente y para los creyentes, se celebra el nacimiento de un niño que viene a salvarnos de los pecados del mundo, y PUNTO. Pues, se cuela un señor regordete que reparte regalos. ¡ Toma ya!.

Luego pasamos al día de Navidad. Nos vamos de segunda comilona. Ahora con aquellos familiares a los que no hemos visto en Nochebuena. Y, cómo no, cada vez más, lo típico es salir fuera a comer. Entre 30 y 50 euros por comensal es lo más económico que te vas a poder encontrar. Y, si te quedas en casa, pues idem de lo mismo. Hay quién contrata un catering. Aquí no termina todo.

Comercios abiertos todos los domingos desde un mes antes de las fiestas navideñas, caracterizaciones de papá noel o reyes magos en todos los centros comerciales de la ciudad, tiendas abiertas hasta las 19 ó las 21 de la noche para aprovechar las últimas compras. Si ésto es concienciar a los niños de fiestas familiares…menuda conciliación familiar que tienen los empresarios para con sus empleados.

Y luego te piden que tú te conciencies, que des donativos, hay recogidas de ropa, comida o juguetes en los colegios. Claro, hay que deshacerse de lo viejo, para poder dejar que entre lo nuevo.

Llegamos a la noche de reyes. La esperada noche de los más pequeños. Supuestamente, es el momento en que los reyes magos, sobre sus camellos acuden casa por casa dejando regalos. ¿Oro, incienso o mirra?…Pues, el caso es, que no tengo ni idea de lo que tendrían que dejar, ni por qué hemos llegado a ésta tradición. Al niño Jesús, cómo ya anteriormente he explicado los regalos tenían una explicación. Ahora, dile a un niño ¿llega la Navidad?…y ellos dirán…¡¡¡ siiii, regalos!!!!.

Eso es todo. REGALOS.

Por cierto, me he dejado la Nochevieja. Fin de Año…cómo queráis llamarla. ¿Exactamente, qué celebramos éste día, y qué tiene que ver con las susodichas fiestas navideñas?. NADA. Resulta que nos vestimos de gala, acudimos a fiestas dónde el alcohol abunda. Cotillón y uvas de la suerte. ¿Qué suerte? Fue un excedente de uva que hubo en algún lugar de nuestra tierra, y se decidió celebrar con ella repartiéndola entre la gente del lugar, el final de año. ¿Coincidencia?. Pues mira, no sé. Pero el caso es, que de ésta historia ha nacido una tradición que ahora las televisiones llevan a la exageración. Cómo si no hubiese mañana.

Y, hasta aquí mi alegato a la NO navidad. No existe tal celebración. Existe unas dos semanas de gastos sin fin. No hay nada que me entristezca más, que el intentar enseñar a mis hijos la verdad sobre éstas fiestas, y no poder hacerlo porque yo misma he dejado de creer en la noche más mágica de mi infancia.