INGRESO EN URGENCIAS
Es verdad lo que dicen: «nunca digas nunca». Es lo que me ha pasado a mi. Desde que me quedé embarazada, dije que no volvería a pasar por el «calvario» de mi primer hijo. Es decir, la inducción al parto. Pero, he vuelto a caer.
Dicen que cuando hay cambio de luna, nos ponemos de parto. Yo, no me lo creía, y todavía no lo creo, pero mi madre acertó.
Hoy, día 25 de febrero, me tocaría estar en monitores, pero resulta que el domingo 21, tuve una fisura en la bolsa y el lunes 22, me fui a urgencias.
Mi marido me convenció, porque para mí, todavía no era el momento. Luego me dijeron que unas esperan mucho y otras vienen a la menor contracción.
El caso es, que ya con una fisura en la bolsa, te tienen que ingresar y ponerte antibiótico. De paso ya, inducirte el parto…es decir, he vuelto a tropezar en la misma piedra…y es que, los seres humanos, siempre caemos, y nunca aprendemos.
El domingo 21, cómo digo, noté como un líquido caía mientras estaba fregando los platos. No era pis, porque no era un escape. Vino mi marido y se lo dije, esa noche estuve controlando el salvaslip que me ponía cada vez que lo notaba húmedo. Y siempre lo empapaba, al final, con pequeñas gotas de sangre, sin importancia. Noté ciertas molestias como de regla, pero nada más. No rompí aguas.
Al día siguiente, mi marido dijo que no íbamos a urgencias, y todavía yo, quería ir a llevar al colegio a mi hijo, y seguir vida normal.
Llegué al hospital, y efectivamente en la bolsa se había hecho una fisura. Ingreso inmediato, y antibiótico. Fui directa a la sala de dilatación. Me dijeron que me pondrían un parche que desprendía hormonas para dilatar, ea decir, para provocarme las temidas contracciones.
INDUCCIÓN AL PARTO
A la 12.00 me estaban poniendo la vía. Ya me estaba preparando para lo peor.
Le dije a mi marido, vete ahora, y ven no mas tarde de las 16h, que ya empieza la «fiesta». Así fue, a la 13 me trajeron la comida que devoré, luego pensé, ya veremos si no la vomito luego. Fue lo ultimo que tomé. A partir de ahí, a las 14h me pusieron el parche, y a las 14.45 empezaron las primeras contracciones.
Me las empecé a controlar, pero no hizo falta, eran cada minuto, y cada vez mas y mas fuertes…no me daban respiro. Me cambiaban de lado, y controlaban las pulsaciones de mi bebé. La matrona me dijo que era increíble lo seguidas que me están dando, iba todo muy rápido.
A las dos horas, me quitaron el parche, y ya había dilatado 4cm, y a la hora 6cm. Estaba hecha polvo de la fuerza de las contracciones, me agarraba a lo que podía, pero no tenía respiro, y me estaban » matando»…
A las 18.30, vino la epidural. Sin dolor por fin, pensé. Sentí alivio, pero me duró poco. A los 30 minutos, sentí un leve dolor, cómo un calambre en el culo. Se lo comenté a la matrona, y me dijo debía esperar. Pero, al cabo de 2 horas, a las 21 horas, el dolor se volvió insoportable.
LAS CONTRACCIONES Y EL PARTO
Las contracciones del parto son insoportables. Con el mayor, sufrí las primeras, pero luego la epidural me evitó el resto de dolores.
Cómo ésta vez, no me hizo efecto la epidural, los dolores fueron a más. Y, se empeoró por la lentitud en la que dilataba. Ésa última etapa en las horas de nuestro bebé, en la que debemos ayudarle a escalar los últimos peldaños…se hace bastante interminable.
El dolor que sentía, es indescriptible. Notaba cómo si la cabeza del bebé estuviese empujando. Yo quería empujar, pero él no salía. Fue muy doloroso, en serio, pensé en las películas y en lo exagerado que me parecía cuándo las actrices gritaban en plan «locura»…pero, en verdad, es así. Mi marido me decía «grita», pero no podía. Tuve fiebre, arcadas. Estaba agotada, y la matrona no me ayudó mucho. Cómo estuve todo un día de parto, pues tuve dos matronas. La de la mañana encantadora, la de la tarde la típica «bruja» que te dice que eres una quejica.
A las 00.30, por fin, decidieron llevarme al paritorio. Lo más gracioso, es, que llego a la puerta en camilla, y me hacen esperar porque lo estaban limpiando. Nadie me coge la mano, o me tranquiliza, me dejan allí sóla, y todos alrededor esperando. Dentro, fue aún más gracioso. Me dicen que me cambie de camilla…»¿Cómo?!!!!!, no podía ni moverme de los dolores.
Por lo menos, ya tenía a mi marido justo al lado. Y, viendo todo. Había una ginecóloga y un jefe de planta. La matrona, a mi lado, me daba indicaciones de lo que tenía que hacer.
¡Cuántos empujones!. Los últimos, los más dolorosos. Al final, con ayuda de una ventosa (qué yo ni vi, ni me acuerdo si me dijeron que iban a utilizarla), salió mi pequeño al mundo. Con el cordón umbilical, liado al cuello. Le llevaron rápidamente a la incubadora. Mi pareja, salió detrás, para comprobar que todo estaba bien. No le vi. Se lo llevaron tan rápido que apenas tuve tiempo de reaccionar. Ahora lo pienso, y si están sóla en el paritorio, no sabes lo que está ocurriendo. Te pueden dar o no explicaciones, y tú con los dolores no te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Menos mal, que mi pareja lo vio todo.
Estaba hecha polvo, pero todavía quedaba la placenta. La ginecóloga no se fue de mi lado en ningún momento. 15′ más. Y por fin, tras 3 empujones más, salió la placenta. En verdad, es cómo un pequeño parto, las contracciones son idénticas. Cuándo todo acabó. Lloré. Estaba tan cansada desde las 11 de la mañana que ingresé, y desde las 16 de la tarde con contracciones…que ya no podía más.
Recuerdo que me pasaron a la sala de recuperación tras coserme (ésto tampoco lo avisan, la episotomía que te realizan para que pueda salir el bebé, la realizan sin consentimiento), y por fin, tuve a mi pequeño en brazos.

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